Saltar al contenido

Por Qué Nos Cuesta Ser Fieles A Nuestros Ideales

Aprendemos a querer patriarcalmente, nuestras conmuevas son patriarcales, y son aún muy primitivas, porque no aprendido a gestionarlas para convivir con de forma que no nos arrasen, y que no hagan daño a nadie.

Aprendemos a sentir conmuevas patriarcales mediante los cuentos, las novelas, las películas, las canciones: nuestra cultura nos da todo el repertorio sensible a fin de que lo interioricemos, y después debemos pasar años deconstruyendo y desaprendiendo todo lo previo.

Nuestra cultura cariñosa está caducada

Cuando te pones los lentes violetas, ahora no hay vuelta atrás: el feminismo te hace ver en el resto cómo el cariño romántico nos anula, nos somete, nos oprime, nos hace adeptas de unas promesas falsas como algún religión.

Y además a través del feminismo es como comenzamos a imaginar otras maneras de querer que no estén fundamentadas en el padecimiento, la desigualdad, la dominación.

Por qué razón nos cuesta ser leales a nuestros especiales

De alguna forma, cada una poseemos nuestra utopía cariñosa, y soñamos con relaciones en las que tengamos la posibilidad ser contentos y sentirnos libres, relaciones sin patriarcado, relaciones sanas y lindas en las que tengamos la posibilidad ser nosotras mismas y gozar sin temores.

Porque lo que nos tiene atadas al amor romántico no es solo el paraíso con el que nos cautivan, sino más bien además el temor a quedarnos solas, el temor a que nadie nos desee, el temor al rechazo, el temor al fracaso y a la exclusión, el temor al qué afirmarán, el temor a tener que vivir sin amor el resto de nuestras vidas.

Cuando comienzas a trabajarte lo romántico, procuras no poner el cariño romántico en el centro de tu vida para lograr enfocar tus energías y tu tiempo en ti misma, y en tus comunidades y cariñosas.

Ser vulnerable es mi forma de batallar el sistema

Deseamos querer en independencia y en igualdad, mas nuestras conmuevas prosiguen siendo patriarcales: sentimos celos, nos ponemos posesivas, estamos controladoras, nos ponemos sumisas a fin de que nos deseen más, nos ponemos victimistas para hallar lo que deseamos, estamos voraces en nuestro deseo de tener al otro, nos come el temor al abandono, nos dejamos tratar mal, soportamos y nos sacrificamos por amor…

Nos pasa a todas y cada una en algún instante de nuestras vidas: deseamos vivir el cariño de una manera más feminista, mas nos cuesta llevar la utopía a la verdad, porque estamos atrapadas en conmuevas súper profundas que solamente entendemos vigilar.

Requerimos utilidades para lograr trabajarnos por la parte interior, para conducir nuestras conmuevas, para aliviar nuestro temor, para confiar en nosotras mismas, para tratarnos bien y cuidarnos bastante, para tratar bien a el resto…

Un trabajo de transformación que dura toda la vida

Debido al feminismo nos encontramos desmitificando el cariño romántico, y nos encontramos identificando las claves de por qué razón las mujeres nos sometemos y nos sacrificamos por amor, y llegó un instante en que decidimos dejar de padecer.

Y obviamente no se necesitan semanas, ni meses, sino más bien una vida sembrando y haciendo un trabajo para liberarnos del patriarcado, para desmitificar y desarmar el romanticismo, para estudiar a cuidarnos bastante, para gozar de nuestras relaciones íntimas y sentimentales, para recortar a tiempo en el momento en que no den más de sí.

Feminismos fermentados

Es un trabajo que dura mientras que nos encontramos vivas, y que va dando sus frutos en todas y cada una nosotras: de repente nos ofrecemos cuenta de que deseamos romper una relación que no nos hace contentos sin la necesidad de soportar meses de mal. O bien puede ocurrir que sintamos que no nos gusta aguardar al milagro romántico, y cortamos por lo sano.

De repente puede pasar que no nos apetezca conformarnos con migajas, o bien que nos aburramos de tanta riña, o bien que nos cansemos del control y los celos de nuestra pareja.

Aprendemos a distinguir los buenos y los pésimos tratos, aprendemos a relacionarnos en horizontal sin someternos o bien controlar, aprendemos a reivindicar nuestro derecho al exitación y al disfrute, aprendemos que el cariño no es una guerra, y que es bonito quererse bien.

Debemos sostenernos siempre alarma

Aunque no en todos los casos tengamos la posibilidad poner en práctica esta filosofía, cuando menos es el faro que guía nuestro sendero hacia la utopía cariñosa y feminista.

Es primordial que en este sendero nos apoyemos bastante a nosotras mismas, que nos cuidemos bastante, que estemos despiertas y con aptitud de autocrítica, y que tengamos toda la energía puesta en gozar del desarrollo.

Ejercicio todoterreno para desmitificar el cariño

Es considerable que seamos comprensivas y pacientes porque lo sustancial no es tanto la misión, sino más bien el sendero hacia la transformación de nuestras maneras de relacionarnos, de cuidarnos, y de organizarnos.