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“Nos Instruyen Para Ser Princesas”

Entrevistamos a la sicóloga María Fornet, que en su libro Feminismo terapéutico (Ed. Urano) ofrece a las mujeres hacer un viaje transformador para liberarse de los condicionantes culturales y conseguir lo que quieren.

La sociedad patriarcal manda a la mujer continuos mensajes a fin de que se vea como un ser incompleto y de poco valor”, afirma María Fornet.

El mito de la princesa ideal

“En el momento en que trabajas con conjuntos de mujeres, ves precisamente que la vivencia de ser mujer es universal y que hay unos patrones y enfrentamientos recurrentes a todas y cada una producidos por el sistema patriarcal en el que todos nos encontramos metidos”, nos dice esta feminista que trabaja desde hace unos años en Londres prestando asistencia a empoderar a las mujeres.

¿Cuáles son estos enfrentamientos y patrones recurrentes?

La esclavitud de el aspecto física es universal y común en todas y cada una de las mujeres. Es un corsé que nos encasilla en un pensamiento binario: tenemos la posibilidad de ser guapas o bien capaces; santas o bien promiscuas… A la mujer no se le otorga permiso para ser complicada y multifactorial.

Estas restricciones limitan nuestro cosmos de opciones para liberarnos. Desde pequeñas se nos enseña a tener un preciso aspecto físico si deseamos ocupar un espacio público.

El tema de la hermosura fué para mí un enorme escollo a vencer. Vengo de una familia muy conservadora. Me eduqué en un instituto que era solo de pequeñas en el que el aspecto física era fundamental. He pasado muchas temporadas de mi vida contando calorías para adelgazar y también intentar cuadrar, sin éxito, en este estándar de hermosura.

¿Las mujeres sabemos de que llevamos ese corsé?

No. La discriminación y desvalorización se internaliza de tal modo que somos nosotras mismas quienes nos terminamos marginando sin ser siendo conscientes de ello.

Un caso de muestra: las mujeres autónomas cobran menos por sus servicios que los hombres, oséa, aunque nadie les esté diciendo lo que tienen que cobrar, mismas se infravaloran y escogen cobrar menos que un hombre. Tendemos a vernos deficientes.

En el momento en que logramos un trabajo, pensamos que vamos a cometer fallos todo el tiempo.

Hablamos de un inconveniente de seguridad muy común en las mujeres al haber asumido como propia la narrativa transmitida por el sistema.

¿El cariño romántico es otra creencia que nos esclaviza?

Acertadamente. El cariño romántico es un castillo con el que se esclaviza a las mujeres. En verdad, la institución del matrimonio fué y todavía es una manera de transformar a la mujer en una esclava.

La enorme trampa del amor romántico

A nivel mundial se prosiguen comprando y vendiendo mujeres –y también pequeñas– para casarlas.

Y se ve que lo que vivimos antes es un ensayo hasta el momento en que llegue el instante en que al fin nos hacemos casándonos y después teniendo hijos. Nos instruyen para ser princesas.

Es un caldo de cultivo para acordarse a la mujer que, sola, está incompleta. Es el mensaje que nos transmite la sociedad.

¿La sexualidad es otra arma socializadora contra la mujer?

Habitamos una sociedad sobresexualizada que usa todo el tiempo el cuerpo de la mujer. Y confundimos el mensaje del empoderamiento con el hecho de ocupar un espacio público en el momento en que logramos la mirada masculina. Debemos preguntarnos si es de este modo.

El porno no es sexo, el porno es crueldad

Por otro lado, hombres y mujeres nos encontramos cada días un poco más polarizados. Las mujeres cada día requerimos más cosas (cejas, uñas de cerámica, pestañitas postizas…) y los hombres, exhibir una fachada de sobra fortaleza.

Se influye bastante en la feminización y la masculinización desde una edad temprana sin dejar tiempo a fin de que cada individuo explore qué quiere, qué le agrada.

¿Qué puede llevar a cabo una mujer para vencer estas restricciones?

Redactar una carta a su futuro, a aquella persona que le agradaría ser tras cinco años. Si la seguridad en sí fuera absoluta y lo que opinasen de no le afectase, ¿exactamente en qué cambiaría su accionar al de en este momento? ¿Cómo se movería? ¿De qué forma se charlaría a sí en un caso así? ¿Qué clase de cosas empezaría a llevar a cabo?

¿Igualitarismo? No, feminismo

Hablamos de conectar con nosotras mismas y de centrarnos para ofrecer un pasito cada día. “Haz todos y cada uno de los días una cosa que te asuste”, afirmaba Eleanor Roosevelt.

La imaginación es sanadora: nos devuelve a la esfera del juego, nos posibilita sacarnos esas capas impuestas por la educación, desaprender y descubrirnos otra vez con los ojos de una pequeña sin deberías ni prejuicios.

Entonces, ¿tenemos la posibilidad de llegar a escribir de nuevo nuestra historia?

No tenemos la posibilidad de inventarnos una exclusiva vida, mas sí abarcar cómo hemos constituido nuestra identidad destacando ciertos instantes de nuestra historia en vez de otros.

Tenemos la posibilidad de empezar a proponer el presente y el futuro desde otro sitio. Eso alterará cómo estamos hoy y cómo abordamos el futuro.

Sin importar los mensajes que nos llegan, no somos ni 100 por ciento causantes de nuestro destino ni 100 por ciento víctimas. Andar en medio de estos dos extremos facilita poder la alegría.

¿Y qué es lo precioso de ser mujer?

vengo de un pueblecito de Andalucía cercada de mujeres fuertes, valientes y resilientes, mas donde no se charlaba de feminismo.

En el momento en que llegué a Londres, este ámbito para mí resultó muy empoderador: me recordó todo cuanto otras mujeres han realizado por nosotras y todo cuanto aún nos queda por llevar a cabo, la compromiso que poseemos para con nosotras mismas y el resto mujeres.

El legado feminista

Para mí, lo hermoso de ser mujer es exactamente que todas y cada una nos nos encontramos liberando y nos encontramos asumiendo la compromiso a fin de que las futuras generaciones tengan una vida mejor.