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‘‘La felicidad es recorrer tu camino”

Nativo de Buenos Aires en 1949, se graduó en Medicina y se especializó en patologías mentales. Creador de sobra de veinte libros de enorme éxito, es editor de Cabeza Sana desde su primer número. Hoy en día regula el emprendimiento Avance humano para todos de la Facultad Juárez, de México.

En tu primer libro, Cartas para Claudia, afirmabas que “la alegría radica en dejar que todos y cada uno de los hechos sucedan”. Mas en la vida nos pasan cosas que preferiríamos evadir. ¿Es viable llevar a cabo compatibles el mal y la aceptación?

De entrada, no hay contradicción entre el criterio de aceptación y el de adversidad, ni tampoco correlación directa entre el exitación y la alegría. Esta felicidad de poca monta a la que se confunde con la alegría no es felicidad; es alegría y nada más. La alegría no es estar contento, es recorrer con seguridad el sendero que hemos elegido para nuestra vida y que otorga sentido a nuestra vida.

Comunmente has expresado la iniciativa de que la alegría no es un espacio, sino más bien un sendero. ¿Qué nos recomendarías llevar en la mochila para llevar a cabo más enriquecedor el viaje?
Todos nuestros elementos, incluidos nuestros sentimientos más lumínicos y los más oscuros, un óptimo conocimiento de uno mismo, fortalezas y debilidades, el cariño de los amigos y, lo más esencial, todos nuestros sueños.

Uno de sus cuentos charlaba de un elefante encadenado que no se atrevía a arrancar la enclenque estaca que lo tenía sujeto porque desde pequeño había aprendido que… ¡no podía llevarlo a cabo! ¿Nuestras opiniones son las superiores causantes de nuestra infelicidad?

Nuestras formas de proceder son el resultado de nuestras opiniones, y nuestra historia es sin lugar a dudas el resultado de nuestras formas de proceder… Entonces, nuestra vida y nuestro destino dependen mayormente de nuestras opiniones; y estas, de nuestra educación y vivencias vivenciales.

En ocasiones no nos atrevemos a ser contentos totalmente, no nos ofrecemos permiso. ¿Por qué razón?

Varios condicionamientos nos condenan a la infelicidad, la mayor parte unidos a algún orden o bien regla que nos tragamos con la leche de la mamá y los primeros consejos de nuestros progenitores. Mas, además, ser contentos supone la resolución de llevar a cabo, decir y suponer cosas que no en todos los casos son jaleadas por nuestro ámbito, que siempre está presto a reiterar aquella cita que mi madre repetía con la preferible intención, mas que podría haber provocado la peor consecuencia: “¡Si prosigues siendo de esta forma, nadie te quererá!”.

Esta apuesta por uno mismo es lo que llamas egoísmo sano. Mas ¿no es más bien el altruismo lo que puede procurarnos felicidad? Los estudios de la psicología efectiva lo aseguran…

No soy quien va a cuestionar las declaraciones de Seligman o bien los popes de la psicología efectiva, mas no comprendo su planteo como altruismo. Altruismo es: los intereses y las pretenciones del resto (de todos los otros) antes que los míos, y no pienso que ese sea un inicio positivo, ni para la alegría ni para la vida sana.

Tanto es de esta forma que, en oposición a ese planteo, he diseñado humildemente el criterio de egoísmo solidario, que se podría detallar de esta forma: en frente de la necesidad de un hermano (aunque no sea hijo de mi madre) me proporciona tanto exitación sentir que puedo asistirlo que, egoístamente, no me deseo privar de llevarlo a cabo.

Y este egoísmo sano, ¿cómo encaja con las relaciones de pareja, con el cariño?

Encaja completamente. Lo que no encaja es la asociación obligada de amor con pareja, tal y como si esos dos conceptos viniesen unidos siempre, tal y como si el sitio donde está el cariño, o bien donde hay que procurarlo, es en la pareja y no es de esta forma. Se quiere a los amigos, a los hijos, a los progenitores, a una localidad, a una sinfonía, a un poema, a un concepto y a la multitud de mi vecindario, de mi país y, por qué razón no, de mi planeta.

De tus contenidos escritos se desprende que la alegría va relacionada a la independencia. Mas el contexto social y económico de hoy se ve que nos deja poco margen para eso. ¿Qué espacio poseemos?

Francamente, pienso que la mirada de una sociedad que no deja escapatoria es deplorable para nuestro futuro. Precisamente hay una sociedad que no quiere que seamos libres, que tengamos la posibilidad seleccionar y que nos animemos a volar; se denomina sociedad de consumo y nos requiere cautivos para lograr continuar vendiendo lo que vende, incluidos sueños estandarizados apoyados en la promesa de una felicidad que deviene del tener y no del ser.

La pirámide de Maslow, de la que has hablado bastante en tus charlas, exhibe las pretenciones básicas del humano. En el primer nivel, alimento y cobijo. En el último, la autorrealización. ¿Piensas que con los años cambió?

Pienso que la sabiduría de Maslow sostiene en esta pirámide una guía de lo que es prioritario y primario, y de cómo hay que ocuparse primero de la base y tras lo demás. Lo que sí cambió son las cosas que conforman cada piedra de la pirámide.

Las pretenciones primarias tienen la posibilidad de definirse de otra forma, la seguridad se logra desde otros logros, la inserción se siente diferente y la subjetiva sensación de conocerse reconocido y valorado no volverá a ser exactamente la misma que la que era antes de la invención de Internet y la fuerza de las comunidades. Mas, en esencia, la pirámide para sentirse llevado a cabo como persona prosigue y proseguirá siendo, creo, exactamente la misma.