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Descubriendo el significado de los miedos y fobias

A la inversa de lo que se piensa muchas personas, el temor es útil. No para escucharlo de forma ciega, no para usarlo como guía. Solo si aprendemos a interpretarlo lo tenemos la posibilidad de transformar en una utilidad de autoconocimiento y nos marca un sendero para medrar.

Marta me consulta por su temor a charlar públicamente: “Conozco el tema del que debo charlar, mas la sola iniciativa de imaginarme en un ámbito me aterra. Temo tartamudear, no entender qué decir, llevar a cabo el absurdo, confundirme…”. Como Marta, todos entendemos qué es sentir temor algunas veces.

Mas, ¿qué es el temor? Es la sensación de angustia frente a la percepción de una amenaza. Aunque, de todos modos, no existe nada que sea en sí una amenaza. Una amenaza se transforma en tal en el momento en que no tenemos los elementos precisos para solucionar el inconveniente que se nos muestra.

Entre otras cosas, conducir a 300 km por hora puede ser muy atemorizante para la mayor parte de , mas no es así para un corredor de Fórmula 1. Esta distinción se ve obvia, mas es requisito hacerla explícita para abarcar cuál es el sentido del temor y cómo tenemos la posibilidad de manejarlo.

El temor útil y el inútil

Siempre que nos encaramos a una amenaza que sobrepasa los elementos que poseemos para resolverla, sentimos temor.

El temor es la señal que nos comunica de esa dañina desproporción. Es como el mal, una señal que nos manda el cerebro para apuntarnos que una región de nuestro cuerpo está en riesgo. Más allá de que no es grato recibir esos mensajes, es lo que nos facilita sacar la mano del fuego antes de quemárnosla completamente.

El temor cumple exactamente la misma función: nos alarma de los riesgos para hacer viable nuestra supervivencia. No obstante, esta señal tan importante puede distorsionarse y transformarse en un padecimiento crónico que nos tortura y también inmoviliza.

Tal es así que tenemos la posibilidad de charlar de dos géneros de temor:

  • Un temor servible, que nos asegura y nos orienta para ubicar el inconveniente a solucionar,
  • Un temor disfuncional, que es puro padecimiento estéril.

Géneros de temor: determinados funcionales, determinados disfuncionales

¿Qué ayuda a sentir el temor disfuncional? Más que nada algunas opiniones erradas muy arraigadas como:

“El inconveniente es el temor. Si consigues no sentirlo, vas a ver que puedes afrontar la situación sin contrariedad”.

“El temor es una emoción negativa que es pura perturbación y el recurso que te deje no sentirlo será de gran impulso para tu desempeño”.

De esta creencia emergen oraciones habituales como:

“¡No poseas temor!”,“¡Debes vencer el temor!”, “¡No seas cobarde!”, “¡El temor es signo de debilidad!, “¡Los hombres no tienen temor!”.

Esta actitud ha contribuido a transformar el temor en una emoción impropia. Siempre que mencionamos que alguien no logró algo por temor, está presente, como telón de fondo, un tono de desvalorización hacia esa persona. Esto supone que todos poseemos exactamente los mismos elementos para combatir los riesgos y que determinados, más allá de tener , se niegan a llevarlo a cabo. A son conocidos como cobardes. Esta creencia es falsa porque cada uno de ellos tiene elementos diferentes

Si tengo varios elementos, afirmemos un 100%, y vivo cubierto de riesgos, entre otras cosas, un 200%, voy a vivir siempre con temor. Mas si tengo un 10% de elementos y vivo cubierto de un nivel de amenaza de solo el 5%, no voy a tener temor.

¿Justificado o bien injustificado?

Otra actitud equivocada, enlazada con las precedentes, mas que por su continuidad y también consideración merece ser señalada, es la que se expresa en la afirmación: “¡Este temor es injustificado!”.

Oraciones como,“La vivienda es segura”,“No es posible que siendo un individuo más grande poseas temor de quedarte unos minutos solo” o bien “¡Ese temor es completamente ilógico…!”, manifiestan la iniciativa de que la situación que es segura para uno debe serlo para todos.

En un caso así, no se sabe con qué género de desproporción riesgo-elementos está lidiando quien siente temor. Desde la ignorancia hacemos esas concluyente declaraciones que hacen daño a quien las escucha, ya que le quitan razón de ser a su temor y le hacen sentir como alguien con una incomprensible anormalidad.

Reacciones frente al temor

Cuando registro una amenaza y ensayo temor, aparece una segunda emoción que es mi reacción hacia mi temor. A consecuencia de las ideas preconcebidas que terminamos de detallar, es muy recurrente que sentir temor no me parezca correcto y sienta enojo, vergüenza, impotencia, culpa o bien temor por el mero hecho de sentirlo.

Esta segunda reacción, que es la respuesta interior al temor, es de suma importancia porque es el otro aspecto del que es dependiente que el temor se atenúe o bien se agrave. Volviendo al ejemplo de Marta –que siente temor a charlar públicamente–, a la sensación inicial de temor a subir a un ámbito, se le suman el miedo al absurdo y al fracaso, y la vergüenza.

Nuestro diálogo de adentro

Volviendo al caso de Marta, tras percibir su exposición del inconveniente, le dije a Marta: “Si esa Marta, la que siente más el temor, estuviese enfrente tuyo, ¿qué le afirmarías?”.Y viendo hacia ese sitio le ha dicho:

“¿Cómo es posible que poseas temor otra vez? Ahora tienes 40 años, conoces el tema como nadie… ¡Déjate de estupideces y anímate de una vez! ¡Ponte tu mejor vestido y súbete a ese ámbito! ¡Estoy harta de ti! Haz lo que debes llevar a cabo como un ser adulto ya que eso es lo que eres”.

Ahora la invité a que tomara el sitio de la Marta con temor, que dejase ingresar lo que terminaba de oír, que observara qué sentía frente todo eso y que elaborara una respuesta. Tras unos momentos, ha dicho:

“¿No te percatas de que de este modo me atemorizas más? ¿ piensas que me agrada tener temor? Me encantaría poder ofrecer la charla sosegada y gozarla, que todos me aplaudan. Mas no me siento en condiciones de llevarlo a cabo y en este momento estoy realmente triste y deseo ocultar…”.

Quizás le resulte extraña al lector la iniciativa de que permanezca un diálogo interior en el que los personajes principales se charlan como dos personas, mas esto sucede en todo momento, aunque no lo percibamos con tanta nitidez como en el ejemplo.

¿Quién no se ha enfadado consigo en algún momento o bien inclusive abochornado por haber sentido temor?

Este recurso psicodramático de los diálogos interiores lo ingresó la psicoterapia gestáltica y es una utilidad de increíble valor porque le facilita, en un caso así, a la parte miedosa, vivenciar y expresar lo que siente de una manera directo y sin la intervención de mediadores.

De todos modos, a nuestra parte miedosa la sufrimos bastante mas la conocemos y oímos poco.

La consideración de comprender nuestro lado enclenque

En verdad, Marta reconoció lo que a su parte miedosa le sucedía porque entró ahí, se transformó por unos momentos en y charló desde esa parte misma.

Si no hubiese hecho eso, lo más posible es que se hubiera quedado identificada con la Marta enojada, valorando que la parte miedosa solo afirmaba puras “estupideces” sin ningún sentido y que había que obligarla a ofrecer la charla.

El temor prosigue medrando en el momento en que esto sucede aunque no tenga manifestaciones ostensibles. Aunque exactamente la misma exigencia lo anestesia por un tiempo, de todos modos prosigue creciendo… y un día, habilitado por alguna situación, quizás menor, penetra con toda la fuerza de lo contenido y actúa en ese estado, tan recurrente hoy día, que llamamos crisis de pánico.

Para eso, nos asistirá distinguir entre los tres primordiales instantes socios con el temor:

  • el contacto con la amenaza,
  • la respuesta de temor
  • y la reacción interior hacia el temor experimentado.

La ocupación o bien no del temor es dependiente de cómo se haga la última etapa de esta secuencia, oséa, de la calidad de las respuestas interiores que produzcamos con relación al temor que sentimos.

Respeto y cariño

La aptitud que poseemos de autotransformación es colosal, mas sin quererlo, tenemos la posibilidad de agudizar lo que queremos mudar. Si, por confusión y también ignorancia deseamos remover, eliminar o bien ignorar a nuestra parte miedosa, pensando que es el inconveniente, iniciaremos un círculo vicioso negativo en el que el temor medra, como le ocurría a Marta.

Observemos cómo se realizó ese estudio en la sesión de Marta. En el momento en que la parte miedosa confesó que se sentía más aterrorizada, y además más triste, le pregunté:

“Ya que lo que oíste te pone de esta forma, ¿cómo imaginas que necesitarías ser tratada para lograr sentirte auténticamente ayudada?”.

Marta se quedó en silencio unos momentos y después le ha dicho a su parte riguroso:

“Necesito que no me desdeñes por tener temor. Que me escuches y te coloques en mi sitio. Que me entiendas y me acompañes con cariño”.

En el momento en que le ofrecemos la palabra a la parte miedosa, esta puede decir lo que le daña, que en la situacion de Marta era ser evaluada como una estúpida y ser obligada a llevar a cabo lo que no podía.

El paso siguiente de este estudio es facilitarle a Marta la oportunidad de encarnar a quien ofrece ese trato comprensivo interior. Para eso le planteé: “Te recomiendo que te desplaces unos centímetros a tu costado y aquí procures transformarte en quien ofrece ese trato. ¿Cómo sería hablarle de este modo a la parte miedosa?”.

La unión con fobias y miedos

Marta se situó en ese sitio, respiró intensamente numerosas ocasiones y, claramente conmovida, ha dicho:

“Quédate apacible… sé que deseas ofrecer la charla, mas si sientes que no puedes llevarlo a cabo, no te voy a obligar. Si tienes temor es porque aún no estás lista, deseo que sepas que, suceda lo que suceda, te acompaño. Entre ámbas vamos a ir conociendo qué es lo destacado para ti… Y deseo que sepas que no estás sola y que confío en ti”.

Le planteé que volviese a ocupar el sitio de la parte miedosa y viese cómo se sentía siendo tratada de esta forma. Tras situarse en ese sitio, ha dicho:

“No estoy habituada a que me charlen de este modo… Me hace bastante bien oírte… Se me va la opresión en el pecho y estoy más apacible. Esperemos esto dure porque me hace sentir considerablemente más ilusionada”.

Confrontar a los temores es requisito, mas no a partir de fuerza de intención, ignorando o bien anestesiando los miedos. Todo lo opuesto,debemos escucharlos para crear los elementos de protección en frente de los riesgos de los que nos charlan. De esta forma, convertiremos el temor disfuncional en servible, convirtiéndolo en nuestro aliado más preciado. Una emoción que nos facilita lograr nuestros deseos protegiéndonos de un futuro dudoso.

8 pasos para entenderlo

Si sientes algún temor que te angustia y paraliza, que no te facilita llevar la vida que te agradaría, te sugiero que realices una vivencia semejante a la que realizamos con Marta en consulta:

1. ¿Qué te amedrenta?

Para iniciar, trata de detectar qué te amedrenta y a qué le tienes temor: a la soledad, al rechazo, al abandono, al fracaso, al absurdo…

2. Colocale cara al temor

En el momento en que lo te des cuenta, mira cómo es tu aspecto miedoso. Dibuja en un papel o bien mentalmente una figura humana que lo exprese, a fin de que lo consigas sentir mejor. Entre otras cosas, un joven tremiendo en una esquina o bien un niño escondido entre las sábanas. Trata de que el dibujo transmita, lo más fielmente viable, cómo te sientes internamente en el momento en que percibes el temor.

3. Dialoga con

Piensa que ese aspecto está enfrente tuyo. Entrecierra los ojos ya que eso te asistirá a conectar mejor con tu interior y mira qué sientes al verlo, y qué opinas de . Y díselo tal y como si iniciaras un diálogo. Al llevarlo a cabo, vas a estar hablándole desde la parte tuya que está en conflicto con esa parte miedosa, la valora de manera negativa y desea mudarla. En ese instante, esa parte riguroso y directiva puede expresarse de la próxima forma: “Lo que siento al verte es: …” y “Lo que me entran ganas de hacerte es: …”.

4. Ponte en su piel

Piensa que, por un momento, puedes ponerte en la piel del aspecto temeroso. Para eso resulta realmente útil mudarse de sitio y ocupar el espacio en donde lo imaginaste. Eso te facilitará entrar en esa una parte de ti. Ahora mismo, la parte miedosa se expresa de esta forma: “Lo que siento al oírte es: …”.

5. ¿Cómo puedes guiarte?

Fíjate además en si lo que has escuchado te asiste para solucionar el temor, lo deja igual o bien lo pone peor. Si lo deja igual o bien peor, detalla cómo necesitarías ser tratado para sentirte ayudado. Ahora mismo, la parte miedosa se expresa de este modo: “Lo que necesito recibir de ti es: …”.

6. Entiende al temor

Una vez sepas cómo puedes ayudar de la mejor forma a tu parte miedosa, desplázate unos centímetros a tu costado para sentir mejor este nuevo papel. Trata de transformarte en ese ser que le ofrece a la parte miedosa el trato que solicitó. Mantén los ojos cerrados o bien semicerrados, enfoca a la parte miedosa con tu mirada interior y díselo. Ahora mismo, el asistente interior se expresa de esta forma: “Lo que deseo decirte es: …”.

7. Verifica lo que sientes

Regresa a tomar entonces el sitio de la parte miedosa, deja ingresar lo que termina de oír y fíjate en cómo te sientes.

8. Prosigue llevando a la práctica

Ten en cuenta que tanto la reacción inicial hacia la parte miedosa como esta última desean editar al aspecto miedoso. Quizás la primera no lo consigua por desconocimiento sobre qué hay que llevar a cabo. La vivencia clínica revela que cuanto más se consulta a la parte miedosa sobre qué trato de adentro requiere recibir, más se marcha aprendiendo de y más se marcha capacitando uno para asistirla.

En el momento en que se marcha consiguiendo esa atmósfera interior de interconsulta y cooperación, la parte miedosa, al sentirse apoyada, halla las superiores condiciones para tranquilizarse. Y como algún organismo vivo, al operar con el “riego” correcto a sus opciones actualmente, medra y se lleva a cabo hasta lograr la plenitud a su alcance.