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Conectar con nuestros deseos para sentirnos más llenas

Llama la atención hallar mujeres divorciadas, separadas, de edades que fluctúan entre los cincuenta y los sesenta años, que aún aguardan que un amor llene sus vidas, lo que les deja en el cuerpo marcas de mal. Se sienten vacías. Solas.

No obstante, una mujer no está sola porque no tenga pareja, lo está porque no puede apagar la promesa de hallar un vínculo íntimo que le llene la vida. Una mujer está sola si no puede diversificar sus fuentes de exitación, tan primordiales para el confort psíquico, sensible y corporal. Una mujer está sola si en las relaciones cariñosas no sabe anteponer sus deseos a sus pretenciones.

De dónde procede la sensación de vacío

Venimos al planeta desamparados y necesitados de amor y, no obstante, la civilización nos impone una secuencia de especiales contradictorios que hacen daño: por una parte, el cariño romántico y, por el otro, los especiales de fuerza y poder.

El cariño romántico que cantan las canciones, los cuentos, las novelas… nos hace atacables y necesitados de un amor que llene nuestros anhelos más profundos.

Los especiales de fuerza y poder desdeñan la puerta de inseguridad y causan que no charlemos de nuestras flaquezas, que ocultemos el padecimiento o bien la necesidad de asistencia.

Bastante gente miedosas de la vida procuran afanosamente la seguridad y también procuran conseguirla a través del acopio de dinero, el ahorro y la acumulación de recursos suponiendo que de este modo se van a sentir protegidos en la vejez.

Mas esa preocupación excesiva proyectada al futuro pide no vivir el presente, negándose a vivencias agradables y primordiales a fin de que nuestro paso por la presencia tenga más calor y color.

Conocemos por la vivencia clínica adicciones al trabajo para no hallarse con el vacío; además las adicciones al amor por exactamente la misma causa.Y conocemos las agresividades que se desatan por las fracasos, que tienen la posibilidad de dirigirse hacia los que poseemos más cerca o bien hacia nosotras mismas.

Anclarse en la verdad piensa siempre una alguna renuncia al exitación, mas con límites si no tenemos ganas enfermarnos. Tenemos la posibilidad de desaprovechar ocasiones de alegría y satisfacción, empeñados en postergar nuestros anhelos más profundos, tal y como si nuestro tiempo fuera eterno, en labras de la seguridad.

El vacío que llena el cariño

Necesidad y deseo no son exactamente la misma cosa

Una vida sensible sana se sostiene en tres pilares escenciales: el trabajo, la salud y la vida cariñosa. En el momento en que falla ciertos tres, se desestabiliza el resto.

En tiempos de privaciones, la necesidad se impone y el deseo padece de inanición. Cuantas más pretenciones, más grande es el peligro de detallar relaciones que no nos agradan, sencillamente, porque la soledad se hace molesto.

El trabajo es una vigorosa toma de contacto con la verdad, mas no en todos los casos es satisfactorio, y no en todos los casos se tiene. Entonces es en el momento en que la verdad nos ordena a buscar compensaciones agradables que nos den la posibilidad de abrir un hueco a la promesa.

La familia es un espacio donde se puede hallar cobijo, mas donde además se impone la privación de los deseos propios para atender a los hijos; el deseo de una vida más rápida y agradable queda entonces postergado.

Otras quedan presas de su anhelo de confort y establecen coaliciones que les brinden una seguridad material o bien cariñosa aun a costa del propio deseo. ¡Qué amarga vivencia la de aquellas mujeres que empeñaron su historia en mantener a los suyos prescindiendo de escucharse a sí mismas por no sentirse autorizadas a llevarlo a cabo!

Mujeres que, en el momento en que tienen más independencia porque los hijos ahora no están en el lugar de vida, sienten que perdieron la posibilidad de vivir lo que más hubiesen esperado.

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Perder temor a la indecisión

Un trabajo elevado puede sospechar un estrés tan destacable que nos puede conducir a padecer un infarto; una renuncia bastante costosa a nuestros deseos más vitales puede sospechar enfermar nuestra cabeza y nuestro cuerpo: asma, úlceras gástricas, colon irritable, inconvenientes de piel, accesos de pánico, depresiones, ansiedad…

Se debe tener esto presente para fijar un límite sensato entre el primordial sacrificio de esos deseos que complican los medios para sostener nuestra vida, y el espacio que le vamos a dar a esos otros deseos para no enfermar o bien no pasar la vida como seres inertes.

El deseo es un poderoso motor de vida que tiene dentro todos y cada uno de los anhelos y deseos de realización que hacen que nos sintamos vivos, ahora sea profesional, sentimental o bien sexualmente.

Nuestra privacidad no puede estar desasistida para ser saludable. Requiere ser satisfecha en distintos puntos que tienen dentro la necesidad de reconocimiento, la gratitud, el calor de la amistad, el cariño, la sexualidad, para nombrar los más íntimos, mas además un reconocimiento popular, una proyección de nuestras potencialidades, la realización de nuestras ambiciones.

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Hacerse cargo de la intendencia de la vivienda, velar por la educación y el avance de los hijos y transformarse en el sostén sensible de toda la familia supone que muchas mujeres renuncien a deseos más propios que no tienen dentro el ser para otros: renunciara la realización profesional o bien laboral, a la independencia económica… A las mujeres se nos pide que cuidemos del resto.

Y este sacrificio tiene un coste que se paga con el cuerpo del mal, con depresiones que no hallan expresiones que las expliquen, dolores psicosomáticos sin fundamentos justificados, formas de proceder autodestructivas por regentar el odio hacia sí mismas.

Las que procuran desarrollar sus ambiciones como lo hacen los hombres además abonan sus fracasos como la abonan , con excesos agobiantes.

¿Cómo vamos a pasar del cuerpo del mal al cuerpo de la alegría? Eros es un considerable instrumento civilizador y un antídoto para la tristeza. Eros son los deseos profundos que nos dan fuerza para pelear en la vida y por la vida, por nuestros intereses más estimados, para cuidar de quienes amamos y a nuestra persona.

Recobrar el gozo y el exitación

El derecho a la sexualidad como un medio favorecido de entrar a la privacidad es humano, solo por cegueras culturales es permitido a los hombres y censurado en las mujeres. Si abriésemos nuestro espíritu a eso que realmente queremos, nuestro cuerpo recibiría el precaución que merece y lo haría ver.

En verdad, en el momento en que esto pasa, nuestro aspecto cambia, no por intervenciones ajenas que aportan juventud artificial, sino más bien porque nuestra mirada reluce, nuestra piel se lisa, nuestro andar se aligera, optimización nuestra salud, recobramos ilusión y seguridad para vivir una vida más plena y de esta forma lo transmitimos, ofertando una cuota de promesa con la que deseamos expresar que otra vida es viable.

Mas se requiere valor porque vivimos metidos en la civilización del sacrificio, de las demandas inviábles que solo desarrollan tristeza y sensación de inutilidad.

7 claves para entender conectar mejor con tu exitación

Una vez recibí un mensaje de buenos deseos para año nuevo del que reproduciré ciertas oraciones que asisten a hacer y hacer mas fuerte el cuerpo de la alegría: “Más besos que bofetadas, más poesía y menos alegatos, más sexo que castidad, más sueños que pesadillas, más riqueza y menos dinero, más justicia y menos juicios, más libros y menos periódicos, más hombres y menos machos, más mujeres y menos sumisas”.

Esperemos todas estas ideas prenda en nuestras conmuevas. Nuestro cuerpo y nuestra salud psicológica nos lo agradecerán.