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Tratar la timidez

Lourdes Mantilla

24 de abril de 2020 · 09:03

Temor a ofrecer la talla o bien desconfianza, son dos fundamentos para la timidez, un inconveniente que empieza en la niñez. Los progenitores tienen la posibilidad de ayu se desconfía del ámbito popular o bien se teme no ofrecer la talla, la timidez es tanto una respuesta como un traje asegurador. Todos somos tímidos en determinado nivel y es útil comprender las causas de esa actitud.

La timidez no es una categoría diagnóstica ni una nosología en sí, sino un aspecto de la personalidad que puede llegar a transformarse en un inconveniente en el momento en que resulta tan enorme que hace difícil una aceptable relación con las otra gente.

Durante la niñez es recurrente que un niño se muestre tímido en algún instante, ahora que muchos son los cambios que se dan a lo largo de esos años, tanto externos –escuela, amigos, familiares…– como internos, fruto de su evolución. La exposición a novedosas ocasiones y relaciones en ciertos pequeños puede ser un aspecto desencadenante de inseguridades que se expresan mediante la timidez.

En este artículo descifraremos las claves de esta problemática y los mitos que viran cerca de , con el deseo de asistir tanto a impedir como a arreglar la timidez y sus probables causas.

Las tres señales básicas de la timidez

Arrimarse a un niño tímido es lo opuesto de lo que este niño frecuenta llevar a cabo con los otros pequeños o bien mayores. Estas son los síntomas más comunes de timidez en la niñez:

1. Tiende a aislarse

  • La contrariedad en arrimarse, tener relaciones y también jugar con los otros. Eso puede observarse tanto en la escuela como en el parque o bien en el lugar de vida.
  • En la escuela, el niño tiende a estar solo en el patio o bien jugar con uno o bien escasos pequeños, o no intervenir en la clase y enrojecer en el momento en que se le pregunta algo.
  • En el parque, tiende a quedarse pegado a sus progenitores y estos deben empujarle a fin de que vaya a divertirse. En el hogar, no acostumbra contar lo que le pasó a lo largo del día y elige perfeccionarse en solitario en su planeta, o resguardarse en oposición al TV, especialmente cuando hay asambleas familiares varias.

2. Exhibe inseguridad

  • Quiere el contacto con sus compañeros, mas al unísono lo teme porque no sabe si va a saber jugar como los otros. Además duda sobre si va a saber contestar bien al instructor. Eso provoca que con solo reflexionar que le esperan esas ocasiones las vea más bien como un riesgo, por lo cual tiende a evitarlas y a retraerse en sí.
  • En la situacion de una timidez muy severa esto puede derivar inclusive en una fobia escolar, ahora que la escuela es el sitio donde se concentran sus temores. En función de esta contrariedad para vincularse a el resto y el nivel de sus miedos,

3. Experimenta padecimiento

  • Cuanto más profundas sean ámbas señales precedentes, más padecimiento va a haber, ya que la timidez hace difícil la expresión de los sentimientos, de forma que el niño pocas veces va a comentar a los progenitores lo mal que lo pasa.
  • Como máximo afirmará que los otros pequeños son unos bárbaros o bien unos tontos, o bien que la maestra le tiene manía y le deja de lado, sin admitir que su timidez le fué marginando y le hace padecer.

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En otras expresiones, lo que otorga la pista determinante del nivel de la timidez y de la preocupación que crea en los progenitores, es el nivel en que actúa.

Entre otras cosas, si un niño aproximadamente abierto, que se ha relacionado bien, empieza una época de más grande timidez, mas sin encerrarse bastante en sí, es posible reflexionar que hablamos de una situación transitoria fruto de los cambios externos. Hay que charlar entonces con y apoyarle, mas sin transformar esa etapa en un inconveniente.

Al contrario, si hablamos de un niño más bien retraído y con contrariedad para llevar a cabo amigos y, además, observamos que cada vez le cuesta más proceder a la escuela o bien se aísla más en el parque, que va modificando su carácter mostrándose enfadado y también irascible, mientras que en el hogar se distancia del contacto con o bien sus hermanos, entonces posiblemente permanezca un prominente nivel de padecimiento que el niño no consigue expresar por otros cauces. Será exacto en un caso así preocuparse con seriedad y, si es requisito, buscar asistencia técnica.

De dónde aparece la timidez

El origen de la timidez reside en diferentes causantes que tienen la posibilidad de resumirse esencialmente en dos tipos:

  • Predominación familiar. La personalidad de un niño se lleva a cabo por medio de la interacción con los progenitores, tanto a nivel afectivo como de modelaje. Si un niño muestra faltas cariñosas, un ámbito familiar desequilibrado, está sobreprotegido por los progenitores o bien estos no supieron imponer unas reglas y límites congruentes, es muy posible que se intente un niño inseguro y con poca seguridad en sí. Eso le va a impedir emprender con calma las ocasiones sociales que se vaya encontrando desde pequeño, va a tener temor a fracasar o bien a no llevarlo a cabo bien. Si además los progenitores solamente tienen amigos y forman parte poco de la vida popular, el hijo va a tener escasas vivencias sociales y tenderá a conocer el planeta de afuera a la familia como un ámbito más bien hostil, ya que no va a haber hallado en sus progenitores un modelo de capacidades sociales correcto.
  • Vivencias vividas. Si se proporciona la situación previo, el niño se va a sentir fácilmente inseguro, con lo que interactuará con torpeza en sus encuentros con los otros pequeños y los mayores. Si esa torpeza hace mofas o bien risas y un cierto aislamiento, bajará la autovaloración del niño y se va a crear en un sentimiento de inferioridad, que paralelamente va a hacer que se retraiga frente el resto, se aísle y sea poco a poco más tímido.

Podemos consultar, por consiguiente, que un niño tímido es fruto de la combinación de elementos provenientes del ámbito familiar y del resultado de sus malas vivencias. La consecuencia de ello es que el niño tímido termina teniendo muy escasas capacidades sociales, lo que retroalimenta su timidez.

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Aclarando mitos y conceptos

Exactamente porque la timidez es una entidad tan difusa y bien difícil de determinar, circulan varios mitos sobre y se usan varios conceptos como sinónimos que, en la práctica, no hacen más que terminar de confundir y solamente aportan resoluciones. Observemos ahora determinados de estos puntos oscuros a fin de arrojar luz que nos deje abarcar mejor el fenómeno de la timidez.

  • ¿Introversión o bien timidez? La distingue entre una y otra estaría dependiendo del nivel de padecimiento. Entre otras cosas, un niño introvertido tiende a ser un niño más bien solitario y, por consiguiente, el hecho de no arrimarse a los otros es un acto voluntario que no le hace ninguna ansiedad. El tímido, por contra, desearía arrimarse y no puede.
  • ¿Vergüenza o bien timidez? En un caso así la distingue tiende a estar en la proporción de ocasiones que causan una cosa o bien otra. Un niño tímido acostumbra serlo en frente de algún situación que implique interacción popular, en tanto que la vergüenza tiende a manifestarse en ciertas situaciones, como charlar públicamente o bien soliciar algo en una tienda. En el resto de ocasiones, el niño vergonzoso actúa con toda normalidad.
  • “Ahora se le va a pasar, además era tímido a su edad”. Este razonamiento de varios progenitores puede ser cierto mas no convincente. Oséa, por el mero hecho de que de pequeños fuesen tímidos y lo hayan superado suelen suceder por prominente el recuerdo de su malestar como pequeños y denegar el padecimiento de hoy de sus hijos. Si la timidez se ha cronificado a lo largo de la niñez, aunque aparentemente se haya superado, siempre queda un indicio de inseguridad.
  • “Premiar y remarcar los éxitos es la preferible terapia”. A nadie le amarga un dulce, y menos a un niño tímido, a quien como resulta lógico le gusta y piensa una inyección de autovaloración algún halago por algo que haya hecho bien. Mas hay que ser realmente precavidos en el momento de realizar ese refuerzo, ahora que loar una conducta públicamente, transformando al niño en el centro de atención de todos los otros, podría tener el efecto opuesto y promover más la timidez.
  • “Hay que forzarle, en caso contrario no lo superará jamás”. Esta clase de “terapia salvaje” acostumbra tener exactamente el mismo efecto que la previo. No existe nada peor que esperar que un niño tímido se enfrente a sus temores sumergiéndolo de lleno en una actividad que los progenitores piensan que le resultará ventajosa, sea del tipo que sea: celebración de amigos, actividad extraescolar, deporte, etc. Es fácil entonces que sus temores le bloqueen y exageren más su falta de capacidades sociales. Es verdad que se necesita alguna perseverancia para sobrepasar la timidez, mas perseverancia no significa inmersión. Es conveniente seleccionar en conjunto con el niño aquellas ocupaciones en las que se sienta más seguro y alentarle a fin de que las haga con solidez mas sin forzarle.

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Consejos para los progenitores de un niño tímido

Como nuestro término recomienda, la autovaloración tiene muy que ver con la imagen que alguien tiene de sí y, por lo cual llevamos expuesto, en el trasfondo de un niño tímido comunmente está un niño que tiene una apariencia negativa de sí, que se ve sin fuerzas, abocado al fracaso, con temor a jugar, etc.

Si deseamos evadir la timidez debemos impulsar que nuestros hijos tengan una aceptable imagen de sí mismos, que sepan que tienen la posibilidad de confiar en sus capacidades y que, aunque frecuentemente se equivocarán, descubran que los fallos proponen un óptimo sendero para la educación.

Ciertos avisos para impulsar la autovaloración en los pequeños son:

  • Hacerles comprender que importan para oyendo lo que nos cuentan y también interesándonos por sus cosas: las relaciones con sus amigos, la marcha de sus ocupaciones, etc.
  • Ofrecer siempre el acompañamiento primordial a sus ideas y respetar sus intereses.
  • Estar a su lado en los pésimos instantes, ahora sea por temas institucionales, por inconvenientes con los amigos, etc.
  • Limitar nuestras críticas a ocasiones específicas, no generalizar con etiquetas del tipo “eres malo” o bien “no haces nada bien” para reprocharles una mala acción como, entre otras cosas, que hayan roto algo o bien no hayan hecho los deberes.
  • Brindarle su acompañamiento sensible a fin de que vaya recobrando o bien cogiendo seguridad en sí –el propósito indispensable–. Eso necesita ignorar las reacciones sobreprotectoras y alentarle, al contrario, a que se relacione con otros pequeños y a que haga ocupaciones que le hagan sentirse más seguro. Hay que remarcar sus adelantos, por pequeños que sean, con cariño y diciéndole que está avanzando.
  • Enseñarle capacidades sociales a través del ejemplo. Enseñarle cómo debe proceder a adquirir a una tienda, invitar a otras familias a casa a fin de que vean cómo se relacionan los mayores entre sí, favorecer que vengan amigos a divertirse y también, inclusive, que logren quedarse a reposar (o bien al revés, que sea quien vaya de visita), enseñarle a saludar, a charlar y a dirigirse a otra gente que no son de la familia.
  • No usar expresiones del tipo “es que es muy tímido” al charlar de , ahora que esta clase de etiquetas fortalecen más su timidez. Si escucha ese género de lenguaje el niño puede terminar suponiendo que ese es su modo de ser y que como tal resulta inmutable.
  • Impulsar su autovaloración. Un niño tímido siente que no se utiliza para nada, que es muy torpe, que no puede dar nada a el resto. Hay que procurar ofrecerle la vuelta a esta imagen de sí y dejar de criticar lo negativo para centrarse en loar sus características –seguramente las tiene–, enseñarle que todos nos confundimos mas que si en lugar de entristecernos peleamos por corregir los fallos estamos bastante superior, y animarle en sus ideas a fin de que vea que además tiene ideas valiosas.

No es sencillo vencer la timidez, mas con estos consejos, dedicación y dejando un tiempo seguramente las cosas mejoran y el niño se va a sentir bastante superior.

Lourdes Mantilla es sicóloga clínica.

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