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Cómo bajar la fiebre de forma natural

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Asiste para tus defensas

Pedro Ródenas

28 de enero de 2020 · 12:15

El hombre tiene regulada su temperatura corporal a fin de que se sostenga recurrente cerca de los 37 ºC. Como el resto animales herbívoros y frugívoros, se protege del calor refrigerándose con la sudoración.

Los animales que no sudan, como los carnívoros, lo hacen mediante la respiración, creciendo la continuidad respiratoria y la evaporación con la boca abierta y sacando la lengua. El sistema inquieto equilibra las pérdidas y los capital calóricos para sostener la temperatura recurrente. Por fundamentos distintos, la temperatura corporal puede incrementar sobre lo habitual.

La fiebre es el incremento prolongado de esa temperatura corporal. En el momento en que la elevación es pasajera, entre otras cosas tras un enorme esfuerzo físico o bien un baño ardiente, no se charla de fiebre sino más bien de hipertermia.

Comunmente, por tranquilidad, la temperatura corporal se mide en la axila, y el valor habitual tiende a ser de unos 36,4ºC a primera hora de la mañana y de unos 37 ºC por la tarde, aunque las cantidades cambian según la persona. La temperatura más precisa es la rectal y tiende a ser un nivel superior.

Otra alternativa es tomarla en la boca, donde puede lograr medio nivel más que en la axila. A la fiebre se la llama además pirexia, y también hiperpirexia en el momento en que se sobrepasan los 39 ºC. Si la temperatura solo sube unas décimas, es una febrícula.

Los pequeños acostumbran tener fiebres más profundas o bien altas, gracias a la vitalidad de su sistema inmunitario, lo que tiende a ser signo de buen pronóstico.

Una respuesta del cuerpo

La mayor parte de las ocasiones la fiebre es de origen infeccioso. Los microorganismos introducen substancias tóxicas en el organismo y este responde. Traumatismos, hemorragias y hematomas, inflamaciones no infecciosas, golpes de calor… tienen la posibilidad de dejar en libertad substancias internas que además activan el mecanismo de la fiebre.

Y hay ocasiones sentimentales que, al incidir de manera directa sobre el sistema inquieto, rompen el equilibrio los centros reguladores de la temperatura y generan fiebre. La fiebre comienza con escalofríos acompañados de temblores, carne de gallina, castañeo de dientes… en un desarrollo que pone en marcha el incremento de calor en el cuerpo contrayendo los vasos sanguíneos, reduciendo la pérdida de calor y también acrecentando el tono y la actividad muscular.

Con el incremento de temperatura corporal se elevan el número de pulsaciones y la continuidad respiratoria. La orina se regresa espesa, se pierde el apetito, incrementa la sed y se tiende al estreñimiento y a la pesadez o bien problema realmente grave.

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Accionar frente a la fiebre

Al revés de lo que aparenta la fiebre no piensa una pérdida de control de parte de los sistemas de homeostasis o bien autorregulación del organismo, sino un acto de solidaridad y coordinación entre los sistemas y órganos que lo conforman.

Como es más fácil eliminar la fiebre que aguardar a que realice su efecto, y no poseemos tiempo para cuidarnos, lo común es tomar un antitérmico sin percibir al organismo ni arreglar las ocasiones que la generan. Mas eso equivale a recortar el cable de la luz roja que nos sugiere la carencia de aceite en el coche en vez de añadirlo al depósito.

Siendo la fiebre un desarrollo defensivo no se debe suprimirla de manera sistemática. Como afirmaba el doctor Isaac Puente, “la medicina no puede sugerir al organismo enfermo un sustitutivo de la fiebre con la capacidad de igualarse con en desenlaces, ni de sustituirla en efectividad curativa. La primera indicación es respetarla en el momento en que no consigue des excesivas”.

El más destacable régimen es, ya que, asistir con nuestros elementos terapéuticos a cumplir los objetivos que quiere nuestra fiebre, hasta hacerla superflua por haberlos conseguido. Oséa, accionar en pos del esfuerzo orgánico en vez de suprimirlo. Solo en el momento en que esto no baste tenemos que asistir a la medicación.

Simultáneamente, si hay un origen claro de la fiebre, como una infección bacteriana, se puede complementar el régimen con antibióticos naturales como el propóleo o bien plantas inmunoestimulantes como la equinácea.

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Un eficiente mecanismo de protección

Al llegar toxinas al torrente circulatorio algunas células, esencialmente glóbulos blancos, dejan libre los llamados pirógenos endógenos. Estos dan la orden al centro inquieto termorregulador de incrementar la temperatura; además impulsan la producción de linfocitos T, células fundamentales para la inmunidad.

En el momento en que la temperatura sobrepasa los 38 °C, el interferón (una proteína que genera el organismo con aptitud antivírica, antibacteriana y neutralizadora de otras substancias extrañas) se regresa hasta tres ocasiones más fuerte.

La más grande temperatura corporal hace difícil el desarrollo de las cepas bacterianas o bien virales y de las células cancerígenas, lo que decrece su aptitud destructora.

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El organismo se depura

Las combustiones internas que se generan en la fiebre destrozan las substancias morbosas, desintegrándolas y realizando viable su eliminación mediante los emuntorios orgánicos, oséa, a través del sudor, la orina o bien la respiración.

Este efecto no solo perjudica a los probables tóxicos de origen bacteriano, viral, medicamentoso, etc. que terminan de llegar al organismo, sino más bien además a los depósitos de catabólicos orgánicos que llevan tiempo generándose.

Todo ello ayuda a que pasada la fiebre la persona suela recobrar la vitalidad y lograr un más grande nivel de salud que el previo al desarrollo febril.

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La fiebre facilita al cuerpo centrarse en lo prioritario

La anorexia o bien falta de apetito característica de la fiebre disminuye el gasto energético propio de la digestión y nucléa todo el ahínco orgánico en aumentar la inmunidad y batallar la agresión, infecciosa o bien no.

Según Manuel Lezaeta y su Doctrina Térmica, la fiebre es además un mecanismo de asistencia para establecer nuevamente la estabilidad térmico corporal al llevar la sangre de los órganos internos, comunmente congestionados, a la área de la piel, que muchas veces está mal irrigada.

De ahí que, el más destacable régimen para un individuo con fiebre es usar nuestros elementos terapéuticos para contribuir a cumplir los objetivos que quiere nuestra fiebre, hasta hacerla superflua.

Líquidos y reposo

La carencia de apetito que acompaña a la fiebre señala que es conveniente evadir un sobreesfuerzo digestivo. Su función depurativa y desintoxicante recomienda la necesidad de una dieta líquida de fácil asimilación: dar líquidos que arrastren toxinas de los tejidos, a través del torrente circulatorio, a fin de expulsarlas con la orina o bien el sudor, y también hidratarse bien para recobrar esas pérdidas aguadas.

Por consiguiente, frente a una fiebre, especialmente si es altísima y con enorme sudoración, se sugiere alimentarse a partir de jugos de fruta naturales, fundamentalmente de cítricos que estimulen la inmunidad (dos o bien tres vasos diarios), caldos de verduras depurativos (cebolla, apio, col…) sin aceite ni sal y con el jugo de un limón (dos o bien tres tazones diarios), y tres o bien 4 infusiones cada día de plantas depurativas (cola de caballo, salvia…), sudoríficas (sabuco, jengibre…) y relajantes (tila…), que estimulen la limpieza y tranquilicen.

Todo lo mencionado puede acompañarse de preparados más concretos para la patología que causa la fiebre (tomillo en inconvenientes respiratorios, manzanilla en los digestibles…). Además habría que tomar a lo largo del resto del día uno o bien 2 lts. de agua según la proporción de orina o bien sudor eliminados.

Hasta el momento en que no desaparezca la fiebre no es conveniente comenzar una dieta sólida, y se debe recurrir a frutas y ensaladas para la transición a la dieta recurrente.

Si se tiene una febrícula, o bien la temperatura no llega a 38 ºC, puede adoptarse al principio una actitud expectante con reposo y dieta líquida. El reposo siempre posibilita que la mayor parte del gasto energético se concentre en alentar el sistema inmunitario y los mecanismos internos de autorregulación, de esta forma como la combustión de toxinas.

Si es una fiebre más alta tenemos la posibilidad de asistir ocasionando la sudoración, abrigándonos en cama con suficientes mantas y también ingiriendo los caldos vegetales y las infusiones (principalmente la mezcla de tila, sabuco y jengibre) bien calientes.

Las envolturas de leño con agua fría, de dos o bien más horas de duración, además causan la sudoración.

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Limpiarse bien por la parte interior

Una medida muy eficiente en la mayor parte de pacientes con fiebre, especialmente si el origen es infeccioso, son las lavativas o bien enemas, aplicadas a temperatura levemente fría. Además de refrescar y descongestionar, la limpieza intestinal descarta restos y substancias tóxicas que la mayor parte de las ocasiones forman una parte del ámbito que nutre a los virus o bien bacterias patógenas.

A fin de que sea eficiente un enema en un adulto ha de ser cuando menos de litro a litro y medio de líquido (en pequeños una cuarta parte de litro o bien medio es bastante). La irrigación se hace con una infusión comunmente de tomillo o bien manzanilla, por su poder desinfectante y antiinflamatorio.

El reposo, la dieta líquida, la sudoración y los enemas de limpieza son medidas que actúan en solidaridad con el organismo y hacen más fácil la desaparición de la fiebre porque le asisten a cumplir su función.

A veces, en el momento en que la fiebre se dispara a temperaturas altísimas, 41 o bien 42 ºC, tenemos la posibilidad de recurrir a una sucesión de seis frotaciones frías, una cada media hora, o bien a envolturas de leño con agua fría poco escurridas y de corta duración (veinte o bien treinta minutos), para bajar la temperatura temporalmente con un régimen sintomático no medicamentoso.

El problema realmente grave que hace aparición a veces por la congestión o bien la movilización de toxinas puede aliviarse además con los enemas, con las envolturas de leño, aplicando una compresa fría en la frente o bien con la aplicación de calcetines hidroterápicos (ponerse unos calcetines de hilo o bien algodón mojados en agua fría y escurridos, otros secos encima de y unos terceros de lana sobre los precedentes).

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Cuándo hay que medicarse y por qué razón ser sensato

La fiebre es quizás el más propio de los fenómenos de defensa del organismo. Es una respuesta a una agresión anterior dirigida a establecer nuevamente la armonía perdida y la salud. Un aforismo hipocrático ahora afirmaba: “dadme calentura y curaré los enfermos”. No se debe suprimirla, sino más bien comprenderla y asistir.

1. En el momento en que se alarga o bien sube excesivamente

Conscientes de que la fiebre cura, en el momento en que esta se extiende en demasía en el tiempo, o bien la temperatura es altísima y la asistencia que hemos prestado no es bastante, requerimos un régimen supresivo eficiente. Los antitérmicos tienen la posibilidad de ser útiles, mas no se debe olvidar que hay un inconveniente pendiente que es conveniente emprender con un régimen depurativo para evadir recaídas.

2. La asistencia homeopática

En homeopatía hay medicaciones útiles para vigilar la fiebre alta. Específicamente, la belladona puede considerarse eficiente en estas ocasiones, comunmente a capacidad 30 CH y según la continuidad que señale el profesional (de cada 4-5 minutos hasta cada 24 o bien 48 horas, según la gravedad).

3. Los peligros de medicar de manera sistemática

Tristemente hoy en día se actúa de manera sistemática eliminando la fiebre con medicación (paracetamol es el fármaco más usado), ahora sea por considerarla como un síntoma negativo que hay que normalizar o bien sencillamente por tranquilidad.

Esto provoca que el efecto de limpieza, incitante de la inmunidad y curativo, propio de un desarrollo agudo como la fiebre, no se genere, y se sostenga un lote y un sistema defensivo frenado en sus habilidades, lo que posibilita futuros procesos patológicos que tienen la posibilidad de llegar a cronificarse.

Esta medicalización es alarmante, más que nada en la fiebre infantil. Según nuevos análisis, el 50% de los pequeños que padecen fiebre reciben dosis incorrectas de medicamentos de parte de sus progenitores.

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