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¿Bebes agua sin tener sed? Atenta a las consecuencias

Ya hace dos décadas se instaló en la sociedad occidental la novedosa práctica de tomar visibles proporciones de agua a lo largo del día, se tenga o bien no sed. Bastante gente, con intención de proteger su salud, van en todo momento con un botellín de agua, imponiéndose la toma de tal líquido como un sacrificio que facilita depurar el organismo, arrastrar grasas y colesteroles y, a consecuencia de toda esa supuesta acción del agua, adelgazar y asegurar las arterias de futuras obstrucciones.

Esas son las causas que acostumbran mostrar determinados pacientes que asisten a las consultas. Al preguntarles quién les ha dicho determinada cosa, argumentan que lo vieron en la televisión o lo han leído en alguna gaceta que explicaba cómo hacer una dieta adelgazante. Inclusive alguno refiere recibir el consejo de algún médico o bien nutricionista. Lo que sugiere hasta qué punto ha arraigado este hábito reciente que perjudica inclusive a expertos de la salud.

¡El agua no es una mercancía!

Esta visión nace indudablemente de la concepción del cuerpo humano como un grupo de cables y cañerías, de pilas y de comburente, semejantes a los de una lavadora o bien un coche; eso sí, constituido con materiales orgánicos, mas con elementos aproximadamente similares y un desempeño semejante. De esa visión mecanicista del organismo se explota a veces la propaganda para argumentar visualmente cómo el agua logra arrastrar las grasas y las impurezas.

A los médicos que ahora ejercitaban la medicina antes del advenimiento de esta novedosa moda, la afirmación de que hay que tomar agua sin sed quizá les debió parecer extraña de entrada, ya que la tradición médica confirmaba más bien lo opuesto: no se debe comer sin apetito ni tomar sin sed.

Además, los médicos han estudiado que en la base del cerebro está el sistema límbico con sus centros del apetito y de la sed. Este sistema se encuentra en contacto directo con la sangre que afluye al cerebro y verifica todo el tiempo la composición de la sangre, su concentración en sales y también iones, su concentración en proteínas y grasas… y, según las pretenciones o bien faltas que esta presente, es con la capacidad de crear la sensación de apetito o bien de sed.

Hablamos de experiencias de necesidad, producidas por el cerebro, para que el organismo se disponga a digerir y a absorber el aporte de agua y nutrientes. Por consiguiente, en un organismo sano, las experiencias de apetito y sed son señales que indican el más destacable instante orgánico para comer y tomar.

La asimilación del agua en el tubo digestivo necesita la puesta en marcha de operaciones fisiológicas que consumen energía, además de la energía que requiere gastar el organismo para remover el exceso de agua una vez absorbida, ya que nuestro sistema límbico tiene como función sostener los escenarios de agua y electrolitos en unos límites perfectos, fuera de los que se altera la bioquímica del organismo.

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Efectos de la ingestión de agua fría

La ingestión inmediata y excesiva de agua fría hace un contraste térmico en el plexo del sol (comunmente está a 38-39 ºC), que altera su desempeño y ha de ser compensado inmediatamente. Estas son las primordiales secuelas:

  • De igual modo, paraliza o bien entorpece por enfriamiento y dilución los distintos procesos de la digestión.
  • Altera los ritmos de secreción controlados por el plexo del sol: bilis, pepsina, ácido clorhídrico, jugos pancreáticos, etc.
  • Puede inducir cuadros de gastralgias y dolores cólicos gracias a la mala digestión y la excesiva producción de gases.
  • Gastroenteritis agudas, propias del verano, como las que en ocasiones se muestran de manera colectiva en banquetes y fiestas, donde los refrescos y helados se consumen abudantemente.

Nuestro medio de adentro tiene unos valores permanentes de temperatura, acidezalcalinidad, escenarios de azúcares, proteínas… que debe sostener en unos límites fisiológicos. Entre otras cosas, el estómago en estado habitual tiene una temperatura de 37 ºC, que puede subir hasta 38 o bien 39 ºC en medio de una digestión.

Este incremento de la temperatura posibilita la digestión y la secreción de enzimas digestibles de este modo como la acción catalítica de estas. Resulta tan sustancial ese calor digestivo que el estómago tiene tres arterias primordiales para solo, las que aportan considerable suma de sangre ardiente en el instante de la digestión. Y sucede que, en cierta forma, la digestión podría considerarse una suerte de cocción.

Las bebidas calientes, caldos o bien tisanas, en cambio, no interrumpen el desarrollo digestivo. Por esa razón es común en Oriente iniciar las comidas con un consomé o bien acompañarlas con té ardiente. En China se otorga muy poco la práctica de tomar agua fría: ya hace siglos el agua se hierve y se toma generalmente con apariencia de té verde.

Para la medicina ayurvédica y la tibetana, tomar un vaso de agua ardiente en ayunas se considera una práctica saludable y se aconseja a ciertos pacientes. Inclusive en Europa, en la Edad Media y hasta tiempos recientes, la cerveza y el vino se tomaban a temperatura ámbito y también calientes.

Y nuestras mamás nos afirmaban que un óptimo caldo asienta el estómago, oséa, lo prepara para la digestión. Por consiguiente, la vivencia afirma que el agua y los líquidos fríos no son buenos para la digestión. Todo lo opuesto que los caldos y bebidas calientes, que actúan en pos del fuego digestivo.

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Los peligros de tomar sin sed

La práctica de tomar agua sin cesar y sin sed podría beneficiar distintos trastornos.

  • Modificaciones del estómago, malas digestiones y flatulencia crónica.
  • Diuresis aumentada. Si es nocturna puede beneficiar el insomnio. • Sensación de fatiga crónica.
  • Modificaciones hidroelectrolíticas que afectan a los sistemas electrobiológicos del organismo. Tienen la posibilidad de ocasionar calambres, dolores que cambian de sitio, palpitaciones…
  • Modificaciones en las presiones osmóticas (de sales minerales) y oncóticas (por concentración de proteínas), que generan hinchazones, edemas y celulitis.
  • Tomar agua no arrastra las grasas del cuerpo ni baja el colesterol, no limpia las arterias de trombos ni regresa la piel pero fina.

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Los tres causantes clave para tomar bien agua

La higiene de la tradición médica occidental ha sugerido una relación con el agua para tomar totalmente diferente a la que sugiere esta inclinación actualizada. Según la tradición, el agua a temperatura ámbito o bien fría hay que tomar si se siente sed, mas además se sugiere tomar despacio, a pequeños sorbos, dando tiempo a que el líquido se ardiente un tanto en la boca antes de descender al estómago.

Y debe tomarse en la cantidad justa para aliviar la sed. Estas sugerencias se distancian del nuevo estereotipo de quien apaga su sed ingiriendo prácticamente de un trago una bebida friísima. No es extraño de esta forma que varias personas sufran una secuencia de afecciones gástricas que tienen la posibilidad de ser diagnosticadas como gastritis inquietas, disquinesias gastrobiliares, infecciones por espirobacterias o bien indigestiones y dolores de estómago crónicos.

Semejantes afecciones tienen la posibilidad de ocultar, más que nada en los jóvenes, sencillamente aplicando la higiene clásico al acto de tomar. Para tomar bien, entonces, deberían tenerse presente estos tres causantes:

  • Temperatura. El agua jamás ha de estar helada; su temperatura ideal es la ambiental. En verano puede estar un tanto más fría, unos grados menos, como el agua de botijo o mezclando agua del tiempo con agua del frigorífico.
  • Ritmo. Es recomendable tomar despacio (dando tiempo a que el líquido se ardiente en la boca) y en poca cantidad.
  • Sed. Si el aporte de agua es continuo y sin atender a las advertencias del sistema límbico, oséa, sin tener sed, este tiene una reacción por medio del sistema neurohormonal a fin de sostener los escenarios normales de agua y electrolitos en la sangre. Eso hace un incremento de la presión de las arterias nefríticos que genera una más grande diuresis, más que nada nocturna; lo que puede conducir a un individuo a interrumpir el sueño numerosas ocasiones a lo largo de la noche. Con esto se estimula el cansancio crónico y la fatiga del riñón. Tienen la posibilidad de generarse de igual modo sudoraciones profusas, con pérdidas de sales minerales, lo que puede tener repercusión sobre el sistema neuromuscular ocasionando calambres y modificaciones digestibles. Estas ocasiones se tienen la posibilidad de tener en cuenta reacciones del organismo para liberarse del exceso de agua. Todas y cada una necesitan un gasto de energía que podría destinarse a otras funcionalidades orgánicas. Por consiguiente, tomar sin sed desatendiendo las órdenes del sistema límbico puede beneficiar distintos cuadros patológicos.

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La hidratación en atletas

Otro fundamento que arguyen los incondicionales de tomar mucha agua es el riesgo de deshidratación que se corre en los días de calor o bien en las travesías o bien sacrificios físicos que comporten mucha sudoración. En estas situaciones, lógicamente, va a haber que volver a poner el agua perdida; de ahí que o bien hace aparición la sensación de sed. Además del agua que puede dar la dieta, hay que tomar según el procedimiento descrito, oséa, bebidas no muy frías por medio de pausados sorbos.

El excursionista sin vivencia toma el agua todo lo fría que puede; el veterano frecuenta llevar un termo con té ardiente. Hace unos años, un compañero que había viajado a Mauritania en los años 80 formando una parte de una oenegé con objetivos sanitarios me contaba su vivencia: “Los de europa, por la aprensión que teníamos al calor y la deshidratación, llevábamos los todoterrenos cargados de garrafas de agua mineral. Nos pasábamos el día tomando agua fría a la mínima señal de sed, y también sin . Hacía calor y sudábamos a chorros; acostumbrábamos a tener la ropa empapada en sudor, aparte de estar cada dos por tres intentando encontrar un espacio sutil para vaciar la vejiga. Se presentaron numerosos casos de gastroenteritis con vómitos, diarreas y fiebres que, en esta ocasión sí, generaron instantes de deshidratación en algunas ocasiones. Determinados fueron tratados con antibióticos”.

Esa tradición que prosiguen los pobladores del desierto ya hace siglos les sostenía libres de la intensa y molesta transpiración que exhibían los de europa, su ritmo urinario era habitual y normales además sus digestiones.

Después, en el momento en que los integrantes de la expedición adoptaron esas prácticas locales y moderaron su consumo de agua fría, desaparecieron las afecciones digestibles y sudoríparas, recobraron sus escenarios normales de energía y aprendieron algo que no sabían: para combatir contra la deshidratación no se debe tomar más agua que la que reclame la sed –o bien como máximo un tanto más–, y a temperatura ámbito o bien, mejor aún, tibia o bien ardiente. Fue una lección de higiene aprendida en el Sahel.

El agua de los comestibles

La hidratación es considerable, ya que una deficiencia de solo un 1% de agua decrece el desempeño físico un 10%. Se estima que el cuerpo precisa cerca de 2 lts. y medio de agua cada día.

Es considerable, por consiguiente, entender admitir la sed y satisfacerla. Mas sin olvidar que algunos comestibles son una aceptable fuente de agua. En las verduras sobrepasa el 90% y una hortaliza de raíz como la zanahoria consigue el 88%.

En manzanas y peras ronda el 84%. Las legumbres cocidas tienen dentro un 71%. Y en el peso del pan, más de la tercera parte es agua.