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Atrévete a llamar la atención, ¡mereces que te cuiden!

Recibir atención es un derecho. Todas y cada una la gente procuramos “llamar la atención” para recibir cuidados que son, en el más destacable de las situaciones, recíprocos.

Si o sea de esta forma ¿por qué razón el estigma, la vergüenza que circunda las situaciones de personas con diagnósticos siquiátricos que manifestamos uno o bien otro síntoma para “llamar la atención” que no nos fué dada, hasta el punto de que existe el término “attention whore” (“puta sedienta de atención”)?

Y sucede que las mujeres somos fácilmente tildadas de “putas sedientas de atención” en relación alzamos la voz para necesitar los cuidados que merecemos.

¿Que a qué viene todo lo mencionado? Todo lo mencionado viene a que estoy agotada de que algo tan legítimo como un grito para soliciar asistencia nos vuelva a la gente, y principalmente a las mujeres, en blanco de comentarios despreciativos y rechazos.

Todo lo mencionado viene a que, sí, hay veces en las que la gente que convivimos con enfermedades sicológicas necesitamos más atención de la que tienen la posibilidad de ofrecernos y no en todos los casos la solicitamos de la preferible de las formas; mas eso no quita que, en el final del día, merezcamos atención.

Y volviendo al criterio de “attention whore”: ¿es verdaderamente tan absurdo, tan patético que una mujer, especialmente si es joven; intente llamar la atención ahora sea de formas más radicales (coche-lesionándose, entre otras cosas) o bien pidiendo asistencia de manera directa en el momento en que esa atención le fué negada de forma sistemática?

Porque las mujeres hacemos la enorme mayoría del trabajo reproductivo en el planeta. Y en un caso así me agradaría charlar específicamente del trabajo sensible.

Se define el trabajo sensible como “desarrollo de administrar los sentimientos y las expresiones para realizar los requerimientos sentimentales de un trabajo”. Mas no hablo solo de trabajo como tal. Hablo además del trabajo sensible que implica proteger, proteger en algún sentido.

Y somos primordialmente las mujeres las que cuidamos. Es un hecho. Lo dicen las estadísticas; estadísticas que charlan de cuidados en el sentido más práctico de la palabra, mas ¿qué hay de los cuidados que todas y cada una la gente deberíamos proveer simplemente intentando de oír, abarcar y consolar a nuestros conocidos cercanos?

Ya que esos cuidados los damos primordialmente mujeres. Igual que es típicamente una mujer la que protege del adulto mayor que ahora no puede proteger de sí, es típicamente una mujer a la que acudes en pos de consuelo y asistencia sensible.

Y no obstante, después demasiadas personas nos tildan de “attention whore” (o bien, si desconocen el término, simplemente suponen que somos unas “excesivas” y que nos encontramos… sedientas de atención, agobiadas por llamar la atención); en el momento en que somos nosotras las que necesitamos de esos cuidados sentimentales.

¿Quién no necesita de cuidados sentimentales? Especialmente cuando te pasas la vida proporcionándoselos al resto de personas. Especialmente cuando eres la vasija de lágrimas de todo el planeta.

Por todo ello, declaro abiertamente que sí, merezco atención. Merecemos atención. Tu vecina, tu madre, tu prima, tu amiga, tu novia y . Y . Y todas y cada una. Todas y cada una la gente, por norma general, mas más que nada las mujeres a las que nos es negada de manera sistemática y las mujeres que conviven con enfermedades sicológicas particularmente. Porque nosotras siempre somos las que “hacemos una montaña de un grano de arena”.

Y además, desde luego, hago autocrítica y me desarrollo de qué formas solicito y también demando esa atención. Intentar suicidarte no es la manera más óptima de llamar la atención. Autolesionarte, tampoco.

No voy a denegar que es una vida de sentir que no merecía esa atención la que me empuja a llamarla de las formas más radicales, mas tampoco voy a respaldarme en eso para seguir “llamando la atención” de formas posiblemente patológicas y terminantemente perjudiciales para mí y para mi ámbito.

De ahí que, abogo por una sociedad en que se nos dé atención desde el instante mismo en que nacemos. En que no nos lleve a cabo falta llamarla más que berreando de bebés, y después, aprendamos a soliciar aprecio y cuidados (que son la auténtica atención que merecemos); y a darlos, de manera recíproca y sana, cada una como tengamos la posibilidad y sepamos. Mas sabiendo mejor, por supuesto.