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Así Viven Las Personas Con Trastorno Límite De La Personalidad

Lucía Fronteriza anda descalza por el filo de un cuchillo. Prolonga los brazos en cruz y cierra los ojos, se nucléa y busca un centro de gravedad que jamás halla. Avanza muy lentamente a sabiendas de que, cualquier ocasión, volverá a caer. Constantemente.

Descender al infierno y regresar a huír. Intentar sostener la estabilidad. Ese es el reto. En verdad, en su weblog está colgada la pintura de August Macke El equilibrista.

Trastorno borderline: una historia al máximo

Lucía solo tiene 19 años y ahora no le agrada la vida. Está de vuelta de todo. Y lo probó todo. Y de todo sale, sí, mas más delgada, más triste, más vacía…

Las drogas le han permitido, afirma, tomar conciencia de otras experiencias.

El sexo, vengarse de esos hombres y mujeres que semejan algo y no son nada.

Mas ahora no le sirven, ni los hombres ni las mujeres ni las drogas.

–En el final terminaré realizando oposiciones a superviviente o bien impartiré un máster de conmuevas envasadas.

–Ingeniosa, Lucía.

– No. Soy estúpida. Y borde. , los siquiatras, emplean una palabra para denominar lo que me pasa que comienza por borde: borderline.

–Mas…

–No me corrija, sé inglés, era un juego con las palabras. En el foro de discusión corría una suerte de chiste de médicos, una regla nemotécnica para acordarse las clases de trastornos de la personalidad. clasifican los trastornos de la personalidad en tres conjuntos: los que acojonan o bien conjunto A (como los obsesos o bien los esquizoides), los que tocan los huevos o bien conjunto B (histéricos, antisociales) y los acojonados o bien conjunto C (como los evitativos). pertenezco al segundo, ¿no?

–Lucía…

–Ya que a mí en lo personal no me hace ninguna felicidad tener trastornada la personalidad. Y además me intranquiliza, honestamente. Y bastante. Si solo poseemos una personalidad, y la tengo trastornada, ¿qué me depara la vida?

No deseo ingresar en este juego. Mas Lucía insiste

–¿Lo sabe ? Preferiría tener una esquizofrenia y la personalidad habitual. ¿No lo sabe? La personalidad es la persona. Mi personalidad es mí. ¿Quién quererá estar conmigo? ¿A qué género de persona podré aproximarme sin temor a que me deje en relación me conozca?

Esquizofrenia: un enorme cajón de sastre

–¿Cómo fueron las clases? –intento mudar de tercio.

–No he ido. He pasado toda la semana encerrada en mi cuarto. Todo el planeta tiene una vida. A nadie le importo. Pasan de mí hasta el momento en que monto un pollo. Entonces todo son atenciones. Al comienzo, claro. Mas, cariño, no te coloques de esta forma… ¿Ofrecemos un recorrido? ¿Deseas una pastilla? ¿Llamamos al doctor Ranera?

–¿Y después?

–Después, se les termina la paciencia y en seguida me intimidan con llamar a la policía o bien llevarme a emergencias. Quiero no salir de mi cuarto. ¿Y para qué iré a clase? ¡Esteticista, hermosura y estética! ¿Mas vió alguna esteticista con este aspecto?

–Solo semejas agotada.

–Parezco una vaca. Y tengo el pelo reteñido y horrible. ¿Vió la novedosa entrada de mi weblog? He colgado entre las canciones de Eros Ramazzotti. ¿Lo conoce? Afirma: Otorga tanto vértigo ver desde aquí, observando cómo fluye la vida y tan lejos de mí, puedo y hago volteretas suspendido en el azul.

–¿De este modo te sientes?

– No sé cómo me siento. Hoy me he levantado con temor. Mas no sé a qué. Pienso que tengo temor de mí misma. Y eso me amedrenta. Tengo temor de morirme.

La atracción por la desaparición

Lucía Fronteriza vive de milagro, aunque no cree en nada. Vive de milagro porque se intentó suicidar 4 ocasiones: una por amor en el momento en que tenía 16 años, otra por desamor el día de su 17 cumpleaños, una más porque su padre es un cabrón, y la última, hace unas unas semanas, porque nadie en el planeta la deseaba.

Suicidio: un fracaso de todos

Una montaña rusa de conmuevas la transporta y la trae sin aparente certamen de su intención. La furia, el aburrimiento y la ansiedad destrozan algún emprendimiento, algún plan que acaricie en la tranquilidad de la noche para el día después.

–Es tal y como si todos y cada uno de los días, al poner la mesa, se me cayesen dos o bien tres piezas de la preferible vajilla. Entonces todo el planeta me mira y sé que suponen que no valgo para nada, que es imposible confiar en mí. Considero que están deseando terminar de comer y salir corriendo para no verme más. Entonces me siento fea, imbécil y también inútil. Y no puedo evadir proceder a la cocina y darme un atracón de lo que acercamiento hasta devolver. De este modo me tranquilizo y me siento mejor. En otras ocasiones, ahora sabe…

–¿Qué?

–Que vienen esos instantes aún más bien difíciles. La mayoria de las veces prólogos de un nuevo ingreso. Es en el momento en que estoy muy angustiada. Entonces me encierro en el baño, me desvisto y me siento en el suelo. Me hago cortes con una cuchilla de rasurar que guardo en la mesita de mi habitación. En los muslos, en los antebrazos, en las muñecas…

–¿Por qué razón?

–No me atemoriza. Me amedrenta más no sentir nada. Es interesante, en este momento recuerdo que de pequeña me mareaba en el momento en que me sacaban sangre. Después, en el momento en que he acabado, me curo las lesiones una a una, con Betadine, y me ducho. Es como un ritual, como un conjuro. ¿ piensa que los TLP poseemos la sensibilidad al mal anestesiada? No me lo afirme, me afirmará que quizás sí y que hay una investigación…

Autolesionarme me ha salvado la vida

Acariciar un recuerdo

Lucía Fronteriza se mete en la ducha. Abre el grifo del agua con la máxima capacidad, aguardando a que el vapor rodee y acaricie su piel y se ardiente el aire. Entonces cierra los ojos y regresa a ver su mejor recuerdo. Siempre con exactamente la misma intensidad, con exactamente la misma nitidez.

Una tarde tibia de primavera, en la playa extendida, al atardecer, con un sol colosal y naranja apoyado en las dunas. Estaban los 4. Su hermano con su padre, con la orilla, jugando con la arena y, un tanto más distanciadas, y su madre, tratando alzar una cometa. Lucía tenía 4 años. Llevaba un vestido blanco, de tirantes.

no había gente en la playa. El mar parecía un colosal lago. Y todo olía a una mezcla de salitre y alquitrán. Entre risas, al fin conseguían alzar la cometa. Lucía miraba hacia su padre, aguardando que se diese cuenta de que lo había conseguido. Y su padre, desde la orilla, le sonreía y le aplaudía.

Se le hace tarde. Lucía debe estar a las nueve en Barna, en la academia de estudios expertos del Centro Balmes, escuela de esteticistas.

TLP: síntomas y peculiaridades de quien lo padece

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es un síndrome heterogéneo, de bien difícil delimitación y en recurrente disputa. Además llamado limítrofe o bien fronterizo, se destaca por una marcada inestabilidad sensible, un pensamiento increíblemente polarizado y relaciones entre personas embrolladas y también profundas.

El perfil global del trastorno además tiene dentro típicamente la perturbación de nuestra identidad y la autoimagen, sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento, hábitos de compromiso y alta impulsividad.

Sus primeras manifestaciones se muestran en la adolescencia o bien preadolescencia. El instante de expresión máxima se ubica al inicio de la edad avanzada. Se encuentra dentro de los trastornos de la personalidad más recurrentes en los servicios de la psiquiatría pública, con una prevalencia que se ubica en torno al 4 % de la población, con una más grande incidencia en mujeres.

“La sustancia llenaba mi vacío”

El abuso de determinadas substancias, otros trastornos siquiátricos, de esta forma como las formas de proceder autolesivas y los intentos de suicidio son causantes que influyen relevantemente en el pronóstico y curso del trastorno.

El régimen del TLP es un reto para la asistencia siquiátrica social, siendo primordial en la mayor parte de las situaciones un abordaje integral.