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Ancianos que enferman cuando se sienten solos

Hace algunas semanas, compartía en esta sección, un artículo sobre las somatizaciones, en el que explicaba cómo una niñez de inseguridad y soledad, puede empujarnos, ahora desde la niñez, a llevar a cabo un patrón, intensamente insano por el que, para hallar la atención (infaltante) de nuestros superiores, nos ponemos enfermos.

Al comunicar el artículo en las comunidades, una lectora me preguntó si este desarrollo además ocurría con la gente superiores, oséa, si resultaba viable que determinados familiares ancianos enfermaran para demandar atención.

Me pareció muy atrayente reforzar en este asunto, ya que se ve ser algo subjetivamente recurrente y que puede llegar a hacer graves malentendidos o bien discusiones familiares si no se entienden los mecanismos latentes a estos procesos y, únicamente, nos quedamos con la iniciativa de…

Antes que nada, deseo aclarar, como ahora expliqué en el artículo previo, que este desarrollo de “enfermar a fin de que me hagan caso” resulta totalmente inconsciente, no hay una intención real de manipularnos. Sencillamente, estas personas se sienten mal y enferman. Por esta razón (y por lo especial de las edades destacadas), no debemos olvidar que los ancianos de los que estamos hablando no están fingiendo patologías, sino sus dolencias existen y precisan exámenes médicos para calmar su padecimiento y para conocer el origen físico de sus enfermedades.

Para lograr abarcar el accionar de estas personas, debemos remontarnos a su niñez. Con mucha posibilidad, estos ancianos, no fueron atendidos ni cuidados apropiadamente en sus primeros años de vida. Quizá les maltrataban, se sintieron solos y no tuvieron a nadie que les hiciese caso ni se preocupara por .

Con el paso del tiempo, al casarse y conformar una familia, aparentemente, cubrieron esta necesidad de atención que no han recibido al principio de su historia. Vivían en pareja, tenían hijos, se sentían estimados y, de esta manera, pensando que las faltas del pasado estaban ahora superadas, lograron vivir unas décadas medianamente contentos.

Por otro lado, pasados determinados años, los hijos abandonaron el lugar de vida para hacer sus vidas familias y el obsoleto sentimiento de soledad empezó, otra vez, a aflorar. Si además, estas personas tienen la desgracia de perder a su pareja, la única compañía que aún les quedaba, los viejos temores del pasado reaparecen fuertemente.

Estas ancianas, ancianos, así como sucedía en el momento en que eran pequeños, vuelven a sentirse solos, desprotegidos y también indefensos. Justo dada esta coyuntura, los viejos patrones se reactivan y regresa a manifestarse la patología como una manera (debemos recordar inconsciente) de intentar poder la atención del resto.

La situacion de Alba

Seguramente muchas de vosotras vais a tener cerca algún ejemplo de persona más grande que enferma frecuentemente en el momento en que está sola.

recuerdo la situacion de una muchacha, Alba, que asistía a consulta y que tenía un inconveniente de esta clase con su suegra.

La anciana vivía sola y la pareja de Alba iba a visitarla prácticamente todas las tardes para vigilar que estuviese bien. Muchas veces, en el momento en que el joven, tras la visita día tras día, volvía a casa, la abuela llamaba por teléfono para quejarse de algún mal o bien del agravamiento de un inconveniente que tenía en la piel y que le causaba fuertes picores. Su hijo tenía, entonces, que regresar a visitarla, retornando a su casa bastante después, en el momento en que sus sus hijos estaban ahora recostados.

Esta escena, se repetía frecuentemente. De hecho, acostumbraba a ocurrir que la erupción cutánea de la abuela reducía muy y los dolores desaparecían en el momento en que su hijo asistía a verla tras su llamada.

Alba además me contó que en numerosas oportunidades, habían debido anular unas deseadísimas vacaciones porque justo el día previo a su marcha, su suegra había sufrido un agravamiento de sus inconvenientes.

Resulta realmente difícil lidiar con estas situaciones, ahora que, por un largo tiempo que se pasemos con estas personas, esta necesidad de atención tan acuciante difícilmente tenemos la posibilidad de cubrirla. Tengamos en cuenta que esta es una carencia que arrastran desde su niñez y que, para , verse solos es horrible.

Además, es verdad que habitualmente, estas personas requieren una atención y una supervisión continuada. Sin embargo, además resulta infaltante ser siendo conscientes de que una demanda excesiva de atención puede llegar a ocasionar un desgaste muy profundo en los familiares y cuidadores de estas personas.

Para lograr hallar un punto equilibrado que no concluya ocasionando un agotamiento sensible del resto de la familia, resulta primordial mostrar la situación, charlar del tema con la gente implicadas y llegar a unos pactos que no supongan un abuso o bien un desgaste por parte del resto familiares.