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Ana Álvarez-Errecalde O La Capacidad De Amar

Quizás ahora me conoces. Quizás viste mi autorretrato, El Nacimiento de mi Hija, donde fotografío el exitación que se puede vivir en el parto. Una vivencia transformadora y jubilosa que por años fué minimizada.Quizás ahora me conoces.

Alumbrar en independencia, asumiendo la compromiso que nos toca, conectando con nuestra intuición y despertando a la consciencia, forma el retrato de una maternidad muy vigorosa, una maternidad que mientras que otorga a luz a un bebé además está pariendo una exclusiva mujer: insumisa, salvaje, cariñosa y plena. Siendo consciente de su fuerza.

Esta es una cara de la maternidad, mas no es la única. La maternidad además puede ser una vivencia dolorosa. Neuquén, mi primer hijo, nació con una malformación cerebral innata.

“Tiene sed”, nos comunica el pequeño. “Algo está mal, mira esta marca roja en la mejilla”, le comento a mi pareja. “¿Puedes ver esto? ¿Se encontraba de este modo ayer?”. Y, de repente, un brazo o bien una pierna se muestran de manera extraña inflamados: novedosa fractura espontánea, nuevos monstruos flotando por la vivienda.

De este modo dieciséis años, aprendiendo a bucear en su mirada, a leer el código de su cuerpo, a querer su discreta y completamente ligado, definitiva, fantástica, enigmática y frágil presencia.

La educación es un parto. Más allá de que se goce, tiene un punto de intensidad, amor y desgarro que los que vamos faltos de expresiones llamamos mal.

“No te confundas Ana”, me afirma la voz de mi consciencia mientras que hago la cena, friego los platos, cuelgo la ropa, curo la herida. “No es mal, es Vida”. Respiro, las lágrimas caen y me sumerjo, el llanto medra, me hundo. Confío, me entrego, me quiebro, me enderezo, igual que en el momento en que los paría.

Y mi mal se hermana con el de otras mamás: la que escoge echar a su hijo de casa porque cree que lo destacado es que salga del nido y vuele solo; la que trabaja cada día en doble turno para poner un plato de arroz en la mesa…

…La que recibe en el hogar a su hija ebria de sexo y alcohol, y aun de esta forma limpia vómitos, prepara infusión, abraza y se atraganta con la culpa, la impotencia y la pena; la que cruza mares rezando a fin de que un bote inflable llegue a tierra estable; la que se arrepiente de haber dejado a sus hijos a cargo de otros mas no supo, no ha podido, no la dejaron llevar a cabo las cosas de otra manera.

Viviendo la maternidad de un hijo con discapacidad

Miro a mi hijo. Escribo a la vera de su cama en un hospital que espera operarlo mañana de nuevo. Lo malo de maternarlo a y a su discapacidad no es asistirlo en prácticamente todas sus pretenciones básicas, es verlo padecer y tener que elegir por . Ser responsable eternamente. Abandonar su integridad, estudiar a aceptar que los huesos tienen la posibilidad de torcerse.

Es horrible ver atrás, aun habiéndonos propuesto no llevarlo a cabo, y también imaginar las cosas que hubieran podido hacerse distintas. Atisbar todos y cada uno de los mundos probables y regresar a este, que no está mal, que nos permitió ser contentos, estar juntos, viajar, hacer, querer.

Desde hace tiempo me han revuelto el estómago los bienintencionados comentarios que recurren a nuestra fortaleza, al “Dios los eligió”. Nada puede justificar el mal de un hijo, no hay ningún mérito en el cariño que siento porque no es dependiente de mí, es quien lo inspira.

Tampoco comprendo en el momento en que se nos pregunta si sabíamos de su malformación a lo largo del embarazo, ¡tal y como si eso hubiera cambiado nuestra intención de traerlo al planeta!

Su vida lleva razón de ser. No es preferible o bien peor que otra. Es la de . No posee más grande o bien menor valía. Aquel feto “libre de errores” que una madre escoge implantarse hoy, puede ser exactamente el mismo joven que queda tetrapléjico al atravesar la calle.

El destino. La indecisión. La vida jamás nos prepara para eso.

La maternidad y la paternidad consciente comprometen entender que no todo es dependiente de . Radica en ver al temor a los ojos, tomarnos un café con , dejarlo reposar bajo la almohada y darnos cuenta de que la puerta de inseguridad de nuestros hijos y también hijas es además reflejo de la nuestra.

Informarse, confiar, acompañar, aceptar, errar, corregir, disculparse, proteger, dejar caer, querer, ofrecer sitio a la sorpresa y dejar que la vida se manifieste en el extenso fantasma de colores, sabores y vivencias que están fuera de nuestras manos.

Hay quienes comentan que si duele no es amor. digo que no duele el cariño sino más bien la vida. Y pienso que el mal se sobrepasa, se trasciende, se convierte, en el momento en que admitimos que nuestros hijos y también hijas no nos forman parte. Somos compañeros de viaje con sitios distintos. Celebremos los tramos compartidos.

Lo que nos ha ayudado

  • Conectar con nuestro hijo alén de la nosología contribuye a conocer los bienestares que tenemos la posibilidad de gozar en familia. Un diagnóstico no posee por qué razón ser un manual de normas.
  • Vivir nuestro sueño y comunicar el desarrollo. Ningún/a niño/a merece sentir que es un impedimento para la alegría de su familia. Algunas veces parecerá que no continúas mas comunicar en familia crea conjunto y no hay mejor motivación que ver la ilusión y el acompañamiento de esos a quienes más amamos.
  • Dejar en libertad la emoción. El mal y la presión a la que nos muestra la dependencia requieren válvula de escape: entrenar la imaginación, el humor y la aventura marca la distingue. Llevar a cabo novedades o bien comprender sitios distintas le otorga otra dimensión a nuestro esfuerzo y nuestros sentimientos.
  • Comunicar la tristeza. Algunas veces hace bien estar sola o bien comunicar el llanto en pareja; por otro lado, si el mal queda hermético, se atasca. Amigos, vecinos, familiares te asisten a tener una visión cariñosa mas al unísono distante que le dé visión a nuestra mirada.
  • Pasear por la naturaleza. Ir al parque era bien difícil. Los juegos patentizan bastante de lo que nuestro hijo no goza. Caminar por el bosque, tendernos en la yerba, ver el cielo, nos conecta con la grandiosidad de la vida: Hay una gran riqueza de experiencias al alcance de todas y cada una la gente.