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Amor En Construcción

El cariño es una energía que desplaza el planeta: medra, merma, se amplía, se termina, muta, se desplaza: es un desarrollo en recurrente construcción.

Con esta energía nos enlazamos con el planeta y con el resto: somos seres sociales que requieren el aprecio de sus conocidos cercanos. Sobrevivimos como clase por medio de nuestra aptitud para querernos, para cuidarnos, para defendernos, para ayudar y convivir en red social.

El cariño romántico es una construcción popular y cultural: aprendemos a querer bajo las reglas, las opiniones, los tabúes, las prácticas y la ideología de la época que nos ha tocado vivir, y de la civilización donde nacemos y somos educados.

No obstante, nuestro sentido crítico siempre crea resistencias que nos aceptan cuestionar y rebelarnos a las construcciones sentimentales que nos imponen desde fuera.

El cariño es una trampa que nos tiene anestesiadas y sometidas.

Nuestra cultura cariñosa está caducada

Mas el cariño además es un motor innovador con el que tenemos la posibilidad de mudar el sistema entero de arriba a abajo. Y en eso nos encontramos las feministas: intentando de dejar en libertad al amor del patriarcado para lograr gozar del amor, y para editar el planeta en el que vivimos.

Cómo desarmar la ideología machista

Hoy más que jamás requerimos investigar y desarmar toda la ideología machista y misógina que recorre nuestra cultura cariñosa. Todo cuanto se aprende, se puede desaprender.

El romanticismo no nos hace contentos, no nos facilita crear relaciones sanas y también igualitarias, limita nuestra independencia y autonomía, nos engaña con falsas promesas, nos sostiene divertidas en cosas que no importan, nos pone a la búsqueda de la salvación individual a fin de que nos olvidemos de las utopias colectivas.

Si el romanticismo patriarcal no se utiliza para vivir mejor, vamos a desmontarlo, a desmitificarlo, a destrozarlo y a re-inventarlo otra vez.

La enorme trampa del amor romántico

Es un modelo anticuado que ahora no nos sirve, porque las mujeres ahora no tenemos ganas padecer por amor, ni estamos condenadas a pasarlo mal, ni deseamos relaciones dispares, ni deseamos ser útil a nadie, ni nacimos para trabajar gratis para el resto.

Querer en independencia

Deseamos querer en independencia, deseamos terminar con las dependencias sentimentales y económicas, deseamos relaciones fundamentadas en el respeto mutuo y el compañerismo, deseamos gozar del sexo y del amor sin temores, sin culpas, sin sacrificios, sin renuncias y sin mal.

Deseamos poner en el centro los cuidados, el exitación y el erotismo, las relaciones horizontales, la civilización del buen trato, el compañerismo amoroso, la solidaridad y la cooperación, las redes de aprecio y de acompañamiento mutuo: pensamos que otras maneras de quererse y de quererse son probables.

Desobedecer los ordenes de género

Nos encontramos desacatando los ordenes de género que nos dicen cómo deben actuar las mujeres en relación a los hombres, nos encontramos desmitificando el romanticismo, nos encontramos despatriarcalizando nuestros cuerpos y nuestras conmuevas, nos encontramos explorando nuevos caminos al exitación, nos encontramos aprendiendo a administrar nuestras conmuevas.

10 claves para conseguir la independencia sensible

Esta revolución cariñosa, sexual y sensible que nos encontramos protagonizando en estos comienzos del siglo XXI ahora es incontenible: somos poco a poco más las mujeres que nos estamos trabajando lo romántico para padecer menos, y para gozar más del amor.

Y además hay poco a poco más hombres que están despatriarcalizando su masculinidad y sus conmuevas.

Aunque seamos minoría, somos poco a poco más.