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Amigas Y Enemigas De La Salud Mental

La primera oportunidad que hallé información sobre qué llevar a cabo si me daban ganas de coche-lesionarme físicamente, en el momento en que tenía 15 años y entraba en el que más adelante llamaría aproximadamente erróneamente mi “primer episodio depresivo”, fue mediante Internet.

En el momento en que descubrí que posiblemente lo que me pasaba tenía sentido, que el conglomerado de “síntomas” se relacionaban entre y había unas causas detrás, pude al fin hallar una red social similar de personas que entendían lo que sentía y que se recomendaban las unas a las otras sobre cómo convivir con esto, superarlo, o bien lo que fuera que intentáramos en “Tumblr”.

Acepté que había sufrido acoso escolar (“bullying” o bien, como quiero llamarlo, castigo de parte de mis compañeras y amigas de clase en el instituto) leyendo una entrada en el weblog de una muchacha a la que había comenzado a continuar en un foro de discusión de lectura.

Y si no podría haber sido de ahí que no sé cuándo habría comenzado a darme cuenta de que este hecho prolongado en el tiempo y aproximadamente traumático había perjudicado a mi salud psicológica joven y tenía considerablemente más que ver con mi temor a la multitud de mi edad y mi poca autovaloración de lo que mi primera sicóloga, que era fabulosa en varios sentidos mas no me dejaba “charlar del pasado” en su consulta, se encontraba preparada para admitirme.

En el momento en que un hombre bastante mayor me procuró violar una noche, volviendo sola y borracha a casa, y mi ex- novio me aconsejó por teléfono que aprendiese defensa personal porque “no podía dejar que esas cosas prosiguieran pasándome” (es un consejo útil, lo acepto, mas no el primero que le daría a una muchacha llorosa y atemorizada que termina de vivir lo contado); fueron decenas, inclusive centenares de conocidas y ignotas mediante Twitter las que me apoyaron y me hicieron sentir menos sola en el momento en que lo conté mediante esta comunidad por la mañana siguiente.

A la primera chavala que me agradó seriamente, de la gente que más me asistirían al pasar por el susodicho “primer episodio depresivo”, la conocí mediante Internet.

me abochornaba de que me gustaran las chicas, me sentía sucia en el momento en que fantaseaba sexualmente con y me imaginaba mi futuro romántico a la vera de un hombre (no me aproximaba a asumir que no solo me agradaban las chicas, sino solo me agradaban ).

no conocía a más chicas a las que además les gustaran las chicas más que de lejos, y oía como se cuchicheaba sobre , y también Internet fue además la única vía para iniciar a conocer series y películas protagonizadas (o bien en las que cuando menos apareciesen) parejas de chicas que contrarrestarían en más grande o bien menor nivel el muy pesado bagaje cultural de contenido puramente heterosexual que todas y cada una la gente nacidas y criadas en esta sociedad arrastramos con nosotras.

En el momento en que asistir a manifestaciones o bien algún otro acto público me disparaba los pensamientos paranoides y me provocaba asaltos de ansiedad, y aun hoy en días en que sé que lo que pretendo decir no atrae a “compañeras” feministas con las que milito en colectivos y con las que trabajo todos los días por mudar algo mas que desconocen de primera mano el estigma y el abuso que piensa “estar ida” (de este modo es como nos llaman) en esta sociedad, Twitter era la única vía de difusión de mis especiales y el único medio de conexión con otra gente que los compartían.

Twitter supuso el comienzo de todo, y si no fuese por Twitter no sabría la mitad de lo que sé en este momento; porque mediante Twitter llegas a artículos, reportajes y sugerencias de libros, esos libros que nos cuesta leer a muchas de las que convivimos con las conocidas “anomalías de la salud mentales” mas que procuraba y también intento empezarme sin importar todo.

Tampoco habría llegado jamás, si no fuese por Twitter, a confiar lo bastante en mí misma y hacer nudos de acompañamiento mutuo lo suficiente sólidos para iniciar a formar parte además en la pelea en las calles. Para hacer, ingresar en colectivos feministas y dedicar horas y energías al emprendimiento común de la liberación de la mujer.

¿Que a qué viene esta retahíla de acontecimientos inconexos y demasiado personales? Ya que viene a cuento porque sí, están conectados: conectados por el hilo de la existencia de las comunidades en mi adolescencia, de su predominación sobre mi salud psicológica y de su relación con mi condición de mujer joven.

Porque la mayor parte de críticas que leo a las comunidades las escriben hombres, hombres mayores. Porque leo que son peligrosas, que son adictivas, y no podría estar más en concordancia. Mas no puedo sino más bien preguntarme qué favorecido has de ser para no haber necesitado llevar a cabo un lugar de vida de una red social virtual, una amiga de una ignota con un perfil en exactamente la misma página que , una trinchera de un weblog en el que divulgar tus artículos (y los de otras, en ocasiones inclusive traduciéndolos de otros lenguajes) sobre aquello que verdaderamente te desplaza.

Y sucede que del aislamiento y de la soledad que implica ser una chavala joven, más exactamente una chavala joven que no es heterosexual, que padece o bien sufrió abusos o bien maltratos y se encuentra atravesando una dolencia psíquica (con la que puede terminar conviviendo para toda la vida, o bien , si esta se regresa crónica), no charlan jamás estos señores.

Porque son bien conocidas las páginas que fomentan contenido enormemente arriesgado para algún chavala que se encuentre al filo de, o bien de manera directa esté tolerando, un trastorno de la conducta alimenticia como la bulimia o bien la anorexia; porque son bien conocidas las fotografías difundidas por comunidades de coche-lesiones con apariencia de cortes completados sobre nuestro cuerpo.

Mas no son tan populares los foros de discusión que nos ofrecen información y asistencia, las comunidades de “locas” que nos recomendamos las unas a las otras mediante algún comunidad en el momento en que la terapia o bien la medicación no trabajan.

O bien en el momento en que es inalcanzable la atención sicológica o bien siquiátrica privada y hay que recurrir a un sistema sanitario mental público cuyos expertos solo tienen la posibilidad de atenderte entre periodos de tiempo bastante largos por carecer de personal y de inversiones.

Está claro, para mí, que Internet es una mina de riesgos y principalmente en la edad joven, mas no considerablemente más que algún campo (el de la vida diaria, frente a frente) de interacción popular en que nos expongamos al juicio y también predominación del resto.

Y también Internet, además, nos da además ocasiones a todas y cada una aquellas a las que el “planeta real” nos ha fallado; a las que nos falla cada día y a las que nos proseguirá fallando mientras que no se ajuste a nuestras “pretenciones particulares” como “enfermas mentales”, niegue de forma sistemática los hechos traumáticos que hemos sufrido exactamente por ser mujeres o bien nos esconda la diversidad sexual que existe, entre otras cosas.