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“Acompañar Es La Mejor Manera De Decir Adiós”

Vivir la desaparición como doctora no es semejante que vivirla como enferma.

María Isabel Heraso, presidenta de la Fundación En todo el mundo del Mal y directiva de la Unidad del Mal del Hospital San Francisco de Agarráis, en La capital de españa, pasó por una vivencia de muerte que le resultó intensamente reveladora, le logró tomar conciencia del conocimiento espiritual y cambió sus conceptos del tránsito y del desafío.

A los 47 años tu vida cambió totalmente porque pasaste por una situación muy particular: visitaste tu muerte, por de esta forma decirlo.

Sí, tuve una peritonitis y no me di ni cuenta. Sentía mal mas proseguí haciendo un trabajo … Y estuve a puntito de fallecer. Me debieron operar a vida o bien muerte. Y fue entonces en el momento en que tuve esa vivencia que me resultó muy confusa al comienzo, mas que, transcurrido un tiempo, fue verdaderamente esclarecedor.

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¿Puedes argumentar cómo se vive y cómo se recuerda una vivencia de muerte?

Después se encontraba en la UVI en el momento en que, súbitamente, creí que me estaban diciendo que ahora me había fallecido. Me vi parado enfrente de muchas personas a la que le contaba mi vida. Les explicaba todas y cada una de las cosas buenas que había hecho a lo largo de mi vida, mas no le daban la menor consideración…

Y me respondían: “¿Sabes aquella vez que estabas en clase hastiada porque había fallado el instructor? Ya que estabas en un tiempo sin tiempo. Ahí estabas en la eternidad. ¿Recuerdas de cuando ibas al cine, realizando tiempo sin tiempo? Ahí estabas en la eternidad. Esas son ámbas cosas indispensables de tu vida, todo lo demás no se utiliza para nada”.

Y tras oír esas expresiones… ¿volviste a la vida?

De esta forma fue, mas en el momento en que empecé a contar todo lo mencionado, nadie me creía. Se lo expliqué a un psiquiatra, lo comenté con todo el planeta, y me llegaron a decir que me se encontraba volviendo ida.

Cómo enfrentar un desafío sin salir huyendo

Decidí buscar por mi cuenta y estuve más de diez años estudiando qué era eso que me había pasado. De esa forma, de a poco, fui entendiendo bastante superior lo que siempre me habían contado mis pacientes plataformas.

Tras aquel episodio, ¿proseguiste ejercitando la medicina?

Sí, continué en terapia en la Unidad del Mal y creé la Fundación En todo el mundo del Mal. Para mí, el mal es una llamada de atención, un lenguaje no verbal. De ahí que, aunque me dedico a suprimir el mal físico, insisto en abrir la conciencia y saber cuál es el inconveniente. Después me dediqué a redactar, porque de este modo puedes llegar a más personas.

En tus libros sobre la desaparición cuentas cómo acompañar hasta el desenlace…

En el primero describo el instante del tránsito, con qué nos marchamos a hallar.

Nos marchamos y después se paran las permanentes vitales. Y, antes de irnos ahora nos hemos ido numerosas ocasiones, y en el final decidimos que esa vez nos iremos totalmente.

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¿Deseas decir que eso nos pasa a todas y cada una la gente? ¿Todos hemos ido y vuelto?

Sí. Te marchas y decides regresar o bien no regresar. Tu cuerpo sostiene las permanentes vitales hasta el momento en que te decides. No se debe tener temor a ese trance mas nadie desea vivirlo, les proporciona temor.

¿Cómo enfrentar ese temor?

Los últimos pensamientos y las conmuevas que sentimos en el instante del desenlace tienen bastante poder.

Sentirse amado es primordial para el buen avance físico y psíquico de un niño y además lo es en los últimos instantes de nuestras vidas, porque nos ofrece la seguridad, el valor y la integridad que son indispensable para atravesar esa frontera con rotundidad.

La familia puede asistir…

La reconciliación tiende a ser un tema clave a solucionar para lograr la paz. Los familiares tienen que prestar su colaboración, y no intentar distraer al tolerante a fin de que se olvide. En el momento en que llega ese instante terminal, la mejor forma de pasarlo es en un ámbito sereno y armonioso y, siempre y cuando resulte posible, en el hogar, con la familia y los amigos.

Hay que acompañar el tránsito con amor. ¿Algo más?

Es sustancial entender que lo primero que pierden estos pacientes es la conciencia visual: los elementos reales dejan de interesarles, solo perciben contornos y desaparecen los datos. Después, se diluyen los sentidos del gusto y el olfato. Los últimos que quedan son el tacto y el oído.